08.11
2009
Sôa, protagonista caboverdiana de la novela ganadora del Planeta. Foto: Marc Arias.

Sôa, protagonista caboverdiana de la novela ganadora del Planeta. Foto: Marc Arias.

Publicado en el Magazine y La Vanguardia.es el 08/11/2009.

Diez puertas en el mar bajo un sol abrasador. Cabo Verde se mece en el Atlántico, frente a las costas de Senegal, desde tiempos inmemoriales. Pero no fue hasta el siglo XV cuando los portugueses se toparon con un archipélago cubierto de plantas y arbustos. No tardaron en hacer suyo esos pedazos de tierra inhabitados para echarles el cerrojo: durante años las islas fueron enclave de trata de esclavos. Hoy en Cabo Verde hay más color. Sus ciudades acogen sencillas casas de una sola planta pintadas de colores vivos y alegres. Muros anaranjados, amarillos y azules que contrastan con el verde turquesa de sus playas vírgenes, en las que se tarda en una eternidad en perder pié. Hace tres décadas, todo era más gris. La nación tardó en zafarse del yugo de la colonización -se independizó en 1975- y lo pagó caro. A finales de los setenta era de los países más pobres y deprimidos de África. Ahora sus apenas 500.000 habitantes tienen motivos para la esperanza. El país ha dado un vuelco: encabeza los índices de desarrollo humanos de las Naciones Unidas, ofrece educación gratuita a su joven población –la media de edad es de sólo 20 años- y está entre los mejor gobernados del continente, según el índice de la fundación africana e independiente Ibrahim Mo.
Pero la muy aplaudida música caboverdiana, un placer para los sentidos que su principal estrella, Cesária Évora, llevó a los oídos del mundo, tiene a veces un deje melancólico. Como si quisiera gritar que hay otra realidad. Porque la hay. En Cabo Verde, aunque en paulatino descenso, la pobreza alcanza al 44% de la población rural. Tampoco el sol lo pone fácil. Las sequías castigan a un país donde apenas una décima parte de la tierra es cultivable y un 82% de los productos alimenticios son importados.

Foto: Marc Arias

Foto: Marc Arias

Por eso muchos fijan sus sueños en el horizonte. Hay tantos caboverdianos viviendo lejos de su hogar como en las islas. El dinero que envían los emigrantes es el agua que las nubes le niegan al país.
Ángeles Caso tildó de heroínas del siglo XXI a las mujeres que, como la protagonista de su novela, luchan por un futuro mejor lejos de su hogar. En un país acostumbrado históricamente a resistir a la injusticia, azotado por un clima atroz y devastadoras sequías, los que se quedan no dudan en brindar su amabilidad a los recién llegados. También hay héroes que no se van.

 

Este texto forma parte del reportaje Sôa, una vida de novela, de Xavi Ayén y Marc Arias.

No hay comentarios.

Añade tu comentario