2009

El sendero GR11 cruza todo el Pirineo de este a oeste (o viceversa) y se recorren´unos 800 kilómetros. Foto: Dani Aldekoa
Le pisaba los talones e iba pensando en mis cosas. Quedaban pocos kilómetros para llegar a la ermita de Sant Miquel de Fontfreda y había ganas de descansar de una vez Yo habría perdido por aquél entonces unos 10 kilos, Dani algunos menos. Nos sentíamos capaces de comernos las piedras, así que no teníamos previsto hacer ninguna parada hasta estar allí. Pero de repente Dani se paró y tuve que tirarme hacia atrás para no comerme su mochila. “Vaya paisaje, no?”, pensó en voz alta. Delante de nosotros, allá abajo, kilómetros de campos y de colores. Nos quedamos observando un buen rato. Callados. Al mirar al horizonte, los dos fijamos la mirada en una recta regular de color azul. “¿Y eso, Dani?”, pregunté. Después de más de 30 días seguidos atravesando el Pirineo, aquello me extrañó. “Eso es el mar, ¿no?” gritó Dani sin disimular su entusiasmo. Arqueé las cejas y entrecerré los ojos para ver mejor. No había duda. “Sí tio, ¡el Mediterráneo! ¡Está ahí mismo!”, alcancé a decir. Aún nos quedaban cuatro o cinco días para llegar al Cap de Creus, pero un hormigueo nos recorrió el cuerpo. Era la primera vez en mucho tiempo que veíamos el mar. ¡El mar!

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