Publicado en La Vanguardia el 20/11/09. Isla Mahé, Seychelles.
“Lo pasan mal”. La frase la suelta en seco Vicente Gallego, marinero del atunero español Txori Aundi de vuelta al barco. Está anocheciendo en isla Mahé y el cielo nublado invita a la nostalgia. La familia de un marinero en un mar de piratas padece y mucho. A su lado, el vasco Markel Uriarte lo confirma con una frase que produce un silencio incómodo: “Yo tengo más suerte, soy soltero”, se le escapa. Tiene razón. Las cosas están feas en los mares del Índico y quienes se quedan en casa duermen con el corazón en un puño. Esta mañana, mientras llega al puerto internacional de las Seychelles el Alakrana y es recibido con todos los honores, varios pescadores españoles estaban ultimando los preparativos para zarpar hacia aguas peligrosas. La mayoría ya está en el mar. De los trece atuneros españoles con puerto en las islas, ayer sólo quedaban cuatro. Saldrán a faenar entre hoy y mañana, con hasta cuatro miembros de seguridad especializada a bordo. En total, unos 280 marineros españoles faenando en aguas revueltas, según el responsable del tráfico de embarcaciones del puerto.
La seguridad privada no es barata –unos 700 euros al día por persona– pero el gasto es necesario. “Esto está cada vez más jodido, nos alegramos de la liberación de nuestros compañeros, pero los piratas llevan dos años aterrorizando la zona, parecía que tenía que morir alguien para que se hiciera algo”, apunta el gallego Pahí con la angustia aún en el cuerpo. Él y sus compañeros se acababan de terminar la cerveza de la tarde con la noticia de que su barco hermano, el Txori Gorria, había repelido a un ataque pirata.
Todos esperan que el chillido mediático del Alakrana sirva para mejorar las cosas. En isla Mahé, la más grande del archipiélago de las 155 que conforman el país, ayer se preparaban para recibir a logrande a la tripulación retenida. Además de familiares de los pescadores, y la representación oficial española en las figuras del secretario general de Política de Defensa, Luis Cuesta, y el secretario general del Mar, Juan Carlos Martín, el Gobierno seychellense, con el vicepresidente del país y el ministro de desarrollo local, añadirá hoy corbatas a una recepción con rueda de prensa posterior. Eco mediático con refuerzo de la seguridad como lección.
Aunque los marineros españoles, vascos y gallegos en su mayoría, respiran a medias. Para el pescador Javier Rodríguez Pazos, aunque otros barcos con bandera internacional llevan seguridad a bordo desde hace semanas, la rutina hace tiempo que cambió a peor. “Ahora en cuanto se hace de noche tenemos que tapar todas las luces y no podemos salir a cubierta ni a fumar, para que no nos vean. Hace cinco meses no era así, ahora el ambiente parece de guerra y sólo somos pescadores”.
En los bares de Victoria, la pequeña capital del país, el tema de los piratas se filtra entre la copa de coñac de después de una dura jornada en el barco. En el pub Waves, un grupo de marineros gallegos se despiden de tierra y brinda por una faena con suerte. Hoy saldrán hacia el golfo del Adén. Carlos Martínez, en el mar desde los catorce –y tiene 54–, contesta a la gallega al preguntarle si hay más miedo que otras veces: “¿Cómo estarías tú si hubiera un grupo de malnacidos esperándote para hacerte la vida imposible y no te queda otra que salir a por tus lentejas?”.
Y nada de corsarios lejanos: “Los piratas ya no están sólo en aguas somalíes, están aquí mismo, esperando a que salgamos para darnos el bocao”. Sus compañeros, del barco español Demico, asienten y lidian con el miedo a base de improbabilidad. “No piensas que te va a pasar. Claro que hay compañeros que dudan, pero es lo que hay, normalmente sale bien y no pasa nada”, dice Jesús Couto, el más joven de la cuadrilla. A él la cerveza le sabe mejor que a los demás. Ayer era su último día después de cuatro meses en mar de piratas. Apenas un paréntesis. “En dos meses vuelvo”, asegura. Pese a su decisión firme, la conversación no tarda en derivar hacia los que esperan en casa. “Ellos lo pasan peor porque los medios van cargados del tema. A veces te hacen dudar, pero aquí está la pesca y hay que currar, ¿qué podemos hacer?”.