2009
Publicado en La Vanguardia el 25/11/09.
Ataque rápido y sin contemplaciones. Un oficial de máquinas ucraniano fue asesinado anteayer por piratas frente a las costas de Benín, en el golfo de Guinea. Los piratas, que también hirieron a cuatro miembros de la tripulación, asaltaron el petrolero alemán Cancale Star pero no hicieron ademán de secuestrar el buque, a reventar de crudo de Nigeria y con 24 marineros a bordo. En apenas minutos, vaciaron la caja fuerte y se dieron a la fuga.
Una incursión relámpago y cruel que difiere del modus operandi de sus colegas somalíes y pone el acento en el otro gran frente internacional de la piratería en África: el golfo de Guinea. Las formas son distintas pero el problema no es menor. Según expertos consultados por La Vanguardia, la flota que faena en la región registra cada año un número de ataques similar al paraíso pirata de Somalia.
El informe anual de la International Maritime Bureau (IMB) sitúa los ataques frente a las aguas de Somalia (134 casos) muy por encima de los acontecidos en los mares de Guinea, donde incluso se apuntaba una ligera mejoría (descenso de 60 a 50 ataques el último año). Sin embargo, la realidad es otra. Cyrus Mody, gerente de IMB, división de la Cámara Internacional de Comercio que lucha contra los delitos del mar, admitía en conversación telefónica la inexactitud de los números. “El problema de la piratería es muy grande en el oeste de África, sobre todo en Nigeria; la mayoría de los ataques no se comunican”, asegura. Según Mody, desde enero se han reportado 23 incidentes en aguas nigerianas, pero la cifra real “como mínimo” es de 55 a 60 casos. El total de ataques, pues, se equipara a los del epicentro pirata somalí. “Cincuenta son los casos denunciados, pero nos consta que hay muchos más; una cifra más aproximada estaría entre 150 y 200 casos anuales”
Los asaltos también siguen un patrón propio: suelen darse en aguas cercanas a la costa, incluso con los barcos fondeados en el puerto, y se busca un botín en metálico o en maquinaria antes que un secuestro. La Organización Marítima Internacional lo confirma con un dato abrumador: el 95% de los ataques del 2008 ocurrió en el puerto o en aguas territoriales.
¿Entonces, por qué no se denuncian los ataques? Según Neil Roberts, director del departamento de Marina de Lloyd’s Market Association, una de las claves podría ser la complejidad política de la región: “Las empresas prefieren evitar tener el buque parado durante un largo proceso a cargo de la administración local. Cada gobierno tiene sus normas y formas de actuar, mientras que en Somalia hay mucho más peso internacional”. Para Roberts la evolución de la piratería en el golfo de Guinea no invita al optimismo. “Mi percepción es que los ataques están aumentando y la situación, con mucho movimiento político, es más complicada”, dice. La riqueza en petróleo y minerales en la barriga de África y las tensiones entre gobiernos y facciones rivales enredan el problema.
En Nigeria, el Movimiento por la Emancipación del Delta del Níger (MEND), con un ejército numeroso y bien entrenado, pone en jaque tanto a buques como a plataformas petroleras. Un estudio de la International Union of Marine Insurance (IUMI) detallaba las motivaciones políticas y el modo de actuar de este terrorismo marítimo.
“El MEND tiende a no secuestrar para pedir recompensa. Cuando ha ocurrido, las demandas han sido a menudo políticas y los rehenes han estado cautivos durante largos periodos de tiempo, aunque generalmente se les libera sanos y salvos”, relata.
Por encima de la pesca ilegal, muy abundante en la zona, la problemática de los ataques pirata con tintes guerrilleros ha puesto en guardia a los gobiernos locales y las multinacionales con intereses en la región. El peligro de expansión de la lacra pirata es el principal temor, como advertía en verano el informe de la IUMI: “Más allá del 2009 es probable un aumento de los secuestros en ciudades alejadas del delta del Níger y más ataques a lo largo del golfo de Guinea, dado que los militantes del delta extienden su influencia y grupos locales están copiando sus tácticas”.
Además de señalar las costas de Nigeria y Ghana como puntos negros de la delincuencia marítima, el informe añadía las aguas frente a la península de Bakasi en Camerún y la isla de Bioko en Guinea Ecuatorial como las más expuestas a los ataques. Ya se han dado pasos para protegerlas. Estados Unidos –que importa un millón de barriles de crudo diarios de Nigeria–, Reino Unido y Francia han firmado acuerdos de colaboración por la seguridad y estabilidad de una zona de gran importancia estratégica.
Además de la ayuda internacional, la relativa estabilidad de los gobiernos de la zona –en comparación con Somalia– permite la respuesta: Gabón, Guinea Ecuatorial, Camerún y Santo Tomé y Príncipe inauguraron el pasado mes de mayo un centro de vigilancia marítima conjunta para coordinar operaciones en sus costas –los tres primeros países aportan tres barcos cada uno– y poder luchar así contra sus piratas.
Siempre me han fascinado las aventuras de piratas y bucaneros, con sus raciones de “grog”, jerga marina, batallas, cicatrices y andanadas. Y mucha culpa la tiene la literatura y el cine que los encumbró como héroes románticos, apátridas aventureros que vivían al día robando como robin hoods del mar a los imperios coloniales hasta bien entrado el siglo XIX en el que el vapor y el acero aplastó esta actividad. Sé que la realidad era distinta, había política, espionaje, sobornos, beneplácitos reales con sus patentes de corso, torturas (muy creativas por cierto) y crueldad. Nada nuevo ya que llevamos toda la vida haciendo lo mismo.
Carlos, peruano de cincuentaytantos, ha surcado los siete mares en buques de carga como mecánico, combatió en una guerra, ha mendigado en Londres y casi pierde la vida al volante de un Ferrari en las carreteras alemanas. Un buen día, navegaba con su velero por el Caribe cuando divisó en el horizonte dos puntos negros que se aproximaban raudos. Los prismáticos le mostraron dos fuerabordas con hombres armados. A pesar de ser un tío valiente, su barco era más lento y estaba solo. No se lo pensó dos veces, sabía lo que le pasaría si los piratas le atrapaban. Sacó su UZI (extraño para un blanquito europeo sobrealimentado) comprada en Venezuela y disparó varias ráfagas al aire. Por suerte, los piratas estaban acostumbrados a tratar con ricos ociosos y se lo pensaron mejor y dieron media vuelta. Carlos tuvo suerte, de no llevar aquella arma seguramente hoy dormiría con los peces.
Volviendo al tema que nos centra: la piratería en África. Creo que Occidente es hipócrita, pisa el cuello a África para que no levante cabeza y luego le envía ayuda humanitaria. Supongo que conseguir sus materias primas es más fácil si carecen de estabilidad, infraestructuras, alimentos o sanidad. Y encima tiene la cara dura de escandalizarse por casos como éste. Es que la ecuación es muy sencilla: no tienen nada que perder y mucho que ganar. La solución es tan compleja y utópica que nada se puede hacer, al menos de la manera correcta, sin misiles ni bombas.
En fin, voy a seguir leyendo cómodamente en mi butacón las aventuras de Aubrey y Maturin, con Tognetti.
Gran comentario, Miguel.
Es curioso observar como el romanticismo de los piratas de las novelas y películas se ha instalado en todos nosotros. En las aguas de Somalia y del Golfo de Guinea se andan con menos literatura.
La causa no son ellos, es cierto. Pero también es cierto que la mayoría de la población de Somalia o Nigeria, por ejemplo, opta por no coger un arma y robar. Y muchos no precisamente porque no puedan permitirse un arma. Aunque te pisen el cuello, también hay principios. La cuestión es, por lo menos, no olvidarse de gritar las injusticias con ellos. O las uzis seguirán sonando más fuerte.
Un abrazo.