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	<title>Comentarios en: Segundo frente pirata en África</title>
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	<description>Blog de África</description>
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		<title>Por: admin</title>
		<link>http://www.xavieraldekoa.com/2009/11/27/segundo-frente-pirata-en-africa/comment-page-1/#comment-10</link>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 29 Nov 2009 08:12:13 +0000</pubDate>
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		<description>Gran comentario, Miguel.

Es curioso observar como el romanticismo de los piratas de las novelas y películas se ha instalado en todos nosotros. En las aguas de Somalia y del Golfo de Guinea se andan con menos literatura. 

La causa no son ellos, es cierto. Pero también es cierto que la mayoría de la población de Somalia o Nigeria, por ejemplo, opta por no coger un arma y robar. Y muchos no precisamente porque no puedan permitirse un arma. Aunque te pisen el cuello, también hay principios. La cuestión es, por lo menos, no olvidarse de gritar las injusticias con ellos. O las uzis seguirán sonando más fuerte.
Un abrazo.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Gran comentario, Miguel.</p>
<p>Es curioso observar como el romanticismo de los piratas de las novelas y películas se ha instalado en todos nosotros. En las aguas de Somalia y del Golfo de Guinea se andan con menos literatura. </p>
<p>La causa no son ellos, es cierto. Pero también es cierto que la mayoría de la población de Somalia o Nigeria, por ejemplo, opta por no coger un arma y robar. Y muchos no precisamente porque no puedan permitirse un arma. Aunque te pisen el cuello, también hay principios. La cuestión es, por lo menos, no olvidarse de gritar las injusticias con ellos. O las uzis seguirán sonando más fuerte.<br />
Un abrazo.</p>
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		<title>Por: Miguel G. Selva</title>
		<link>http://www.xavieraldekoa.com/2009/11/27/segundo-frente-pirata-en-africa/comment-page-1/#comment-9</link>
		<dc:creator>Miguel G. Selva</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Nov 2009 14:31:00 +0000</pubDate>
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		<description>Siempre me han fascinado las aventuras de piratas y bucaneros, con sus raciones de &quot;grog&quot;, jerga marina, batallas, cicatrices y andanadas. Y mucha culpa la tiene la literatura y el cine que los encumbró como héroes románticos, apátridas aventureros que vivían al día robando como robin hoods del mar a los imperios coloniales hasta bien entrado el siglo XIX en el que el vapor y el acero aplastó esta actividad. Sé que la realidad era distinta, había política, espionaje, sobornos, beneplácitos reales con sus patentes de corso, torturas (muy creativas por cierto) y crueldad. Nada nuevo ya que llevamos toda la vida haciendo lo mismo. 

  Carlos, peruano de cincuentaytantos, ha surcado los siete mares en buques de carga como mecánico, combatió en una guerra, ha mendigado en Londres y casi pierde la vida al volante de un Ferrari en las carreteras alemanas. Un buen día, navegaba con su velero por el Caribe cuando divisó en el horizonte dos puntos negros que se aproximaban raudos. Los prismáticos le mostraron dos fuerabordas con hombres armados. A pesar de ser un tío valiente, su barco era más lento y estaba solo. No se lo pensó dos veces, sabía lo que le pasaría si los piratas le atrapaban. Sacó su UZI (extraño para un blanquito europeo sobrealimentado) comprada en Venezuela y disparó varias ráfagas al aire. Por suerte, los piratas estaban acostumbrados a tratar con ricos ociosos y se lo pensaron mejor y dieron media vuelta. Carlos tuvo suerte, de no llevar aquella arma seguramente hoy dormiría con los peces. 

Volviendo al tema que nos centra: la piratería en África. Creo que Occidente es hipócrita, pisa el cuello a África para que no levante cabeza y luego le envía ayuda humanitaria. Supongo que conseguir sus materias primas es más fácil si carecen de estabilidad, infraestructuras, alimentos o sanidad.  Y encima tiene la cara dura de escandalizarse por casos como éste. Es que la ecuación es muy sencilla: no tienen nada que perder y mucho que ganar. La solución es tan compleja y utópica que nada se puede hacer, al menos de la manera correcta, sin misiles ni bombas.
 En fin, voy a seguir leyendo cómodamente en mi butacón las aventuras de Aubrey y Maturin, con Tognetti.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Siempre me han fascinado las aventuras de piratas y bucaneros, con sus raciones de &#8220;grog&#8221;, jerga marina, batallas, cicatrices y andanadas. Y mucha culpa la tiene la literatura y el cine que los encumbró como héroes románticos, apátridas aventureros que vivían al día robando como robin hoods del mar a los imperios coloniales hasta bien entrado el siglo XIX en el que el vapor y el acero aplastó esta actividad. Sé que la realidad era distinta, había política, espionaje, sobornos, beneplácitos reales con sus patentes de corso, torturas (muy creativas por cierto) y crueldad. Nada nuevo ya que llevamos toda la vida haciendo lo mismo. </p>
<p>  Carlos, peruano de cincuentaytantos, ha surcado los siete mares en buques de carga como mecánico, combatió en una guerra, ha mendigado en Londres y casi pierde la vida al volante de un Ferrari en las carreteras alemanas. Un buen día, navegaba con su velero por el Caribe cuando divisó en el horizonte dos puntos negros que se aproximaban raudos. Los prismáticos le mostraron dos fuerabordas con hombres armados. A pesar de ser un tío valiente, su barco era más lento y estaba solo. No se lo pensó dos veces, sabía lo que le pasaría si los piratas le atrapaban. Sacó su UZI (extraño para un blanquito europeo sobrealimentado) comprada en Venezuela y disparó varias ráfagas al aire. Por suerte, los piratas estaban acostumbrados a tratar con ricos ociosos y se lo pensaron mejor y dieron media vuelta. Carlos tuvo suerte, de no llevar aquella arma seguramente hoy dormiría con los peces. </p>
<p>Volviendo al tema que nos centra: la piratería en África. Creo que Occidente es hipócrita, pisa el cuello a África para que no levante cabeza y luego le envía ayuda humanitaria. Supongo que conseguir sus materias primas es más fácil si carecen de estabilidad, infraestructuras, alimentos o sanidad.  Y encima tiene la cara dura de escandalizarse por casos como éste. Es que la ecuación es muy sencilla: no tienen nada que perder y mucho que ganar. La solución es tan compleja y utópica que nada se puede hacer, al menos de la manera correcta, sin misiles ni bombas.<br />
 En fin, voy a seguir leyendo cómodamente en mi butacón las aventuras de Aubrey y Maturin, con Tognetti.</p>
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