05.12
2009

Publicado en La Vanguardia el 2/12/09. Nkambeni. Suazilandia.

Lukhele es un símbolo, pero ella no lo sabe. Tampoco le importa. La interrumpimos subida a una frágil escalera de cañas a dos pasos de su chabola.

Lukhele frente a la puerta de su chabola. Foto: Xavier Aldekoa
Lukhele frente a la puerta de su chabola. Foto: Xavier Aldekoa

 

Vive a las afueras de Nkambeni, un poblado del nordeste de Suazilandia, un diminuto país entre Sudáfrica y Mozambique. Con 81 años, su cuerpo frágil, a punto de desmontarse de un soplido, esconde una fuerza admirable.

 

Hace nueve años, el sida mató a su hijo y su nuera. Viuda desde hace tanto que ni se acuerda, se encargó ella sola de sus nietos de 5, 9 y 10 años. Ya entonces era mayor. Hoy su edad es un milagro: a causa del sida, la esperanza de vida en Suazilandia se ha derrumbado de 61 años a 32 en menos de una década.

 

La tragedia no pudo con Lukhele, aunque le golpeó duro. Tuvo que vender pasteles de calabaza en la calle y pidió préstamos a sus vecinos para comprar comida, ropa y pagar la escuela de sus nietos. Todo para salir adelante. Hasta que la enfermedad volvió a traición. “Mi hijo mayor empezó a estar mal de la pierna, no podía caminar y en cuatro días, se acabó. Luego empezaron los demás”, explica. De sus nueve hijos, sólo le queda uno vivo. Los demás han sucumbido al sida. Pero Lukhele lo dice sin rabia, como quien se ha pegado de bofetadas con el destino y ya no quiere ni guardarle rencor. No es la única abuela del sida. En el pueblo hay dos más a cargo de su prole, por lo menos. En el país, miles. El sida ha dejado unos 70.000 huérfanos en un estado de apenas un millón de habitantes. Con las ONG trabajando a destajo pero desbordadas, las abuelas son el pilar familiar que mantiene la esperanza en Suazilandia. Y, sin quererlo, son un símbolo anónimo del día mundial de la Lucha Contra el Sida, que se celebró ayer con el eco optimista del descenso del número de nuevos infectados: un 17% menos de nuevos enfermos en África Subsahariana respecto al 2001.

 

IMG_0114Bongani Mdluli, de 34 años, resopla al oír hablar de números. Le parecen huecos. “No puedo estar de acuerdo con que las cosas mejoran, miro a mi alrededor y lo que veo que ocurre en este país me preocupa”, dice. Lidera un proyecto en el pueblo, financiado por una ONG holandesa, dirigido a cultivar maíz y hortalizas para los huérfanos del sida. También para sus abuelas. Mdluli apunta a la realidad cultural del país al hablar de causas. Suazilandia es una monarquía polígama donde, dice, la hombría se mide por el número de amantes. El rey, el primero. El monarca tiene trece mujeres y luchaba contra el sida a su manera: hace una década prohibió el sexo a las chicas menores de edad durante cinco años e instauró una multa de una vaca a quien rompiera la norma. Abolió la norma, de escaso éxito, a los pocos meses. No había otra que afrontar de cara el problema: declaró el sida “desastre nacional” y pidió ayuda exterior. Ahora el Gobierno envía mensajes de prevención y regala condones o antirretrovirales.

 

Las cifras siguen siendo malas y amagan con aniquilar la esperanza. La amabilidad suazi, sin embargo, se empeña en seguir haciéndoles frente. Y de nuevo con Lukhele como símbolo. La mujer habla de otro nieto, de dos años, al que tiene que ir a buscar. “Es de un hijo que murió hace unos meses, ahora le cuido yo”, explica. No deja recuperarse de la impresión. “Aún me queda un poco de fuerza para atármelo a la espalda”, dice.

 

Lukhele lucha contra el sida con entereza de heroína y porque no le queda otra. Y es tan anónima que, al preguntarle la edad, se levanta a buscar su carnet de identidad y deja que el trozo de plástico responda. A ella no le interesa saberlo. Tampoco sabía que ayer era el día mundial contra el sida.

3 comentarios

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  1. Despreciable el vídeo.

    http://www.youtube.com/watch?v=xvx4sjQspnM

  2. Gracias por darnos a conocer y acercarnos a personas tan grandes como ésta. Me encanta saber que hay esperanza en este mundo que, muy amenudo, parece tan destartalado!
    un besazo dsd mi casa!!!!cuidate

  3. Deberíamos aprender de personas como ella, que aunque la vida no hace más que ponerle obstáculos, saca una sonrisa y sigue adelante luchando contra el destino.
    Gracias por esta historia de vida.