2009
Publicado en La Vanguardia el 7/12/09. Khayelitsha, Sudáfrica.

La Fifa lidera un proyecto para construir 20 centros deportivos en África. Fallan los detalles. Foto: Jennifer Smith. Streetfootballworld
Sin medias tintas. Khayelitsha, el segundo gueto negro de Sudáfrica con casi dos millones de habitantes, no es un lugar para pasear. A los trescientos metros de salirse del redil periodístico y caminar entre chabolas, un policía embutido en un chaleco antibalas se transforma en sombra de este periodista. Al rato se cansa y sugiere que la fiesta va a empezar. En una gran explanada, un campo de hierba artificial con gradas y vestuarios resalta entre las barracas y la tierra blanca de las callejuelas. Hace un tiempo, esa explanada era lo peor. Para llegar a la carretera había que atravesarla sí o sí y el lugar era un hervidero de robos y violaciones. Ahora ya no está tan oscuro. La FIFA escogió ese lugar para levantar el primero de los veinte centros deportivos y educativos que construirá en países como Sudáfrica, Zambia, Namibia, Lesoto y Brasil.
Además de un lugar para hacer deporte, unos educadores informarán a los niños sobre el sida y su prevención. La iniciativa es buena porque aporta vida a un lugar que ni soñaba con un espacio así. Vuyiseka, de doce años, calcula que tardaría entre quince o veinte minutos en bus-taxi – medio de transporte principal de los pobres-en encontrar un campo similar.

También habra dos escuelas deportivas en Brasil. Foto: Football Hidden's story. Streetfootbalworld
Y que el proyecto es sensible se nota también en la presencia de personalidades en el acto de inauguración, el pasado sábado, con Blatter, Villar y ministros sudafricanos en primera fila. El problema es que si fallan los detalles, la bondad pierde fuelle. La princesa saudí Gabriele Inaar, embajadora de Football for hope, organización que lidera el asunto, suelta un discurso angelical cargada de pulseras, anillos de diamantes y gafas de marca en ristre. Diez metros más allá, Yandisa Nomaluka, de once años, se lo mira desde detrás de una valla, a pocos metros de su chabola. Junto a él, una decena de niños con cara de morirse por entrar. La FIFA ha colocado una valla rodeando el recinto y ha repartido sólo cien invitaciones para que los locales puedan ver la inauguración. A Yandisa no le ha tocado. Tampoco a trescientas personas que estiran el cuello desde montículos de tierra más cercanos. Al preguntar por qué los niños no están dentro, un portavoz de la FIFA apunta que es por motivos de seguridad. Al replicarle que son niños y el lugar es para ellos, zanja contrariado: “Hay muchas personalidades”.
Lutho, de tres años, no parece un peligro potencial al otro lado de la valla. Lo bueno es que cuando acabe todo el barullo de la presentación, tendrá un lugar donde jugar y le explicarán que en Sudáfrica hay 5,7 millones de enfermos de sida y cómo evitar contagiarse. Khayelitsha es pobre y el riesgo del virus no es un decir.

En Lesotho, un pequeño país dentro de Sudáfrica, también habrá un centro. Foto: Kick4life
Jürgen Griesbeck, manager del proyecto, asegura que la instalación será autónoma en tres o cuatro años. La FIFA ha invertido unos 3,5 millones en la construcción de todos los centros y gastará la misma cifra para asegurar su funcionamiento hasta entonces. Según Griesbeck, el organismo deportivo dará 330 euros por cada gol que se marque en el Mundial (ya lo hizo en la fase previa) y también el dinero recogido por multas disciplinarias. Acción de diez, pero con matices. Aunque nadie quiere soltar prenda, se estima que la FIFA ganará alrededor de mil millones con el Mundial. Desde el vértigo de las cifras y aparcando la bondad, 7 millones de euros para construir veinte centros en toda Áfricason una inversión en imagen insuperable. Y a precio de ganga.

No hay comentarios.
Añade tu comentario