05.01
2010

Publicado en La Vanguardia el 05/01/10

Jacob Zuma durante la danza de la boda zulú del 4 de enero. Foto: LV

Jacob Zuma durante la danza de la boda zulú del 4 de enero. Foto: LV

Quinta mujer para Zuma y debate abierto. El presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, contrajo ayer matrimonio por quinta vez en una fiesta celebrada en su aldea natal al más puro estilo zulú, el de la etnia mayoritaria del país, de la que forma parte el líder del Congreso Nacional Africano (CNA). Y “puro estilo zulú” no es un decir: Zuma bailó ayer danzas tribales vestido con el traje tradicional de piel de animal salvaje. La ceremonia privada, que contó con la presencia de políticos y famosos, reactivó el debate social sobre la poligamia en el país.

El desencuentro, no exento de tintes politizados, estaba agazapado pero era cuestión de tiempo que saltara a escena. Si bien el matrimonio de un hombre con varias mujeres es aceptado en el país y es una costumbre arraigada entre los zulúes y otras etnias de la zona, sobre todo en áreas rurales, es la primera vez que la cuestión se hace un hueco en el sillón presidencial. Mientras los anteriores presidentes democráticos de Sudáfrica no eran polígamos –Mandela, de la etnia xhosa, se casó tres veces pero se había divorciado previamente, y Mbeki tiene una sola esposa–, el actual líder del país es un devoto seguidor de la cultura zulú y un polígamo convencido. Y parece blindado ante las críticas.

El presidente sudafricano junto a sus tres esposas. Foto: AP

El presidente sudafricano junto a sus tres esposas. Foto: AP

Zuma, de 67 años, hizo ayer oídos sordos a quienes le tildan de primitivo y formalizó su unión con Thobeka Madiba, de 37, con quien vivía desde hacía años y tiene tres hijos. Aunque se trata de su quinto enlace, el presidente sudafricano convivirá con tres de sus mujeres, ya que se divorció de su segunda mujer y su tercera esposa se suicidó. La biografía de la web oficial del presidente atribuye 19 hijos a Zuma, quien ha defendido en más de una ocasión su elección. “Hay un montón de políticos que tienen amantes y niños que ocultan para aparentar que son monógamos. Yo prefiero ser abierto. Amo a mis esposas y estoy orgulloso de mis hijos”, dijo en una entrevista en televisión.

Pero esos argumentos no convencen a parte de la sociedad sudafricana, que presenció horrorizada las imágenes de televisión en las que el presidente del país danzaba ataviado con el traje tradicional zulú y tutelaba una ceremonia en la que se sacrificaron varias vacas y cabras. “No es propio de un presidente y no creo que la poligamia ayude a mejorar la situación de la mujer, son costumbres africanas arcaicas que no puedo entender”, decía ayer la sudafricana Janet Ogilvie sin apartar la vista de la pantalla.

Las reacciones censuradoras en clave política tampoco se hicieron esperar. A mediodía de ayer, el líder del Partido Demócrata Cristiano, el reverendo Theunis Botha, calificó el enlace zulú de “alarmante retorno al culto ancestral” y de “gigantesco paso atrás en la edad oscura”.

Pero frente al sector de la sociedad que no comulga con el trazo más tradicional de la cultura del país, existe otro bando que aplaude el respeto por las tradiciones de su líder. El analista político Adam Habib apuntaba ayer en esa dirección al sacarle punta a su análisis político del enlace. Zuma “está enviando una señal de que no se avergüenza del sistema de valores culturales que él suscribe y comparte con una parte significativa de la población”, afirmó.

Zuma, que llegó al poder el pasado mes de mayo, ya hizo gala de su orgullo zulú durante la campaña electoral y apenas se inmutó ante el debate sobre cuál de sus mujeres debería ser considerada primera dama. Aunque en los matrimonios polígamos la primera mujer suele gozar de mayores consideraciones, Zuma no ha escogido aún a ninguna como primera dama y ha sido visto en actos oficiales con otras de sus mujeres.

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