Publicado en La Vanguardia el 10/01/10. Soweto (Sudáfrica)
El cielo y el infierno están a dos pasos en Soweto. Un grupo de chicos, sentados frente a una barraca que funciona como bar ilegal, escruta al intruso con cara de pocos amigos. Son los camellos de la zona. La británica Rosemary Nalden, de pelo blanco y ojos verdes, hace como que no les ve y sigue su camino. Pero sí les ha visto. Lleva más de una década viéndoles y pasando de largo. A diez metros, en unas casas bajas junto a la iglesia, lidera un proyecto casi imposible: una escuela de música clásica para jóvenes de una zona de chabolas en Soweto, el mayor gueto negro de Johannesburgo.
Cada semana, ochenta jóvenes de entre 5 y 29 años reciben clases de violín, viola, violonchelo o contrabajo. El proyecto no son sólo buenas intenciones. Los mejores alumnos forman la Buskaid Soweto String Ensemble, una banda que suena como los ángeles y ya ha actuado por América, Oceanía y Europa.
La historia de esta escuela entre chabolas empezó como un rumor. A mediados de los años 90, Rosemary, violinista profesional en Londres, oyó hablar de unos adolescentes negros de Soweto sin medios pero apasionados por la música clásica. Y decidió actuar. Convenció a varios amigos músicos para donar sus instrumentos viejos y reunió fondos para, en 1997, crear la fundación Buskaid en uno de los peores barrios de Soweto, donde la mayoría de blancos aconseja no ir jamás. Empezó aportando sus conocimientos a unos pocos críos del barrio y ho y se ayuda de ex alumnos hechos profesores para brindar oportunidades al talento local. “Aquí hay chicos buenísimos, se vuelcan en la música y son absolutamente creativos”, explica sentada en un taburete y rodeada de instrumentos.

Ochenta jóvenes de entre 5 y 29 años reciben clases de violín, viola, violonchelo o contrabajo. Foto: Xavier Aldekoa
No es fácil construir un proyecto así en el distrito de Diepkloof. Si algunas partes de Soweto se han desarrollado a velocidad de milagro, no es el caso de este lugar. La escuela Buskaid es un oasis en una realidad salpicada de delincuencia y drogas. No son tópicos fáciles. Hace unos meses, uno de los alumnos fue asesinado y una de las chicas fue violada. Rosemary también ha tenido algún problema, pero desdramatiza – “cuatro sustos desagradables no es tanto en doce años”, dice-y se queda con lo positivo: “¿Que si he pensado en dejarlo? ¡Cada día varias veces! Pero luego les escuchas tocar y piensas: ¡esto es!, ¡por esto vale la pena!”.
Kgotso pone en imágenes su emoción. Tiene sólo 11 años y hace 7 que llegó a la escuela de la mano de su hermana. No se podía quedar solo en casa, así que le dieron un pequeño violín para entretenerle. Hoy, al pedirle si puede tocar algo se hinche de orgullo y se quita la gorra como muestra de respeto. “No te puedes imaginar la pasión que tiene, viene cada día a ensayar”, apunta Rosemary, que, además de coordinar la escuela y dar clases, busca donaciones por todo el mundo.
Porque cada día se acercan más niños a la escuela. La mayoría llegan solos al centro, sin sus padres, y preguntan si pueden asistir a los cursos. La selección – este año las donaciones han permitido hacer 30 nuevas matrículas-va más allá de la habilidad musical y tiene en cuenta el interés y el contexto familiar.
Y esa filosofía implica riesgos. A Rosemary se le apaga la voz al recordar a Bafana, un joven adicto al alcohol y las drogas que se refugió en la música para huir de su infierno personal. Fue un espejismo. “Aquí es difícil, la tentación está ahí delante – y señala con la vista al final de la calle-,y tuve que expulsarle porque empezó a llevar a otros alumnos a beber; una pena”, explica.
Enseguida hay motivos para volver a sonreír. Simiso Radebe, de 19 años, entra en la sala para darle un abrazo. Sin más. Está más que feliz: le han dado una beca para ir a estudiar en la Royal Academy of London, y la escuela ha conseguido ayudas para pagarle la estancia. Será el sexto alumno en ir a estudiar a Europa. Simiso quiere agarrarse con las dos manos a la oportunidad de ser músico profesional. “Esto lo soñé antes de que pasara; tenía diez años cuando entré aquí y ahora está pasando de verdad”, explica emocionado. La simpatía de Simiso es una de las claves del éxito de la Buskaid Ensemble, que ha grabado varios CD, ha actuado delante de Nelson Mandela o la reina Elisabeth II y fue escogida por la revista británica Gramophone como una de las 10 orquestas más inspiradoras del mundo, junto a la Filarmónica de Nueva York o la Orquesta Sinfónica de Londres, entre otras.
El aplauso internacional anima a seguir adelante entre las casas bajas de Diepkloof. Hace falta. Al pedirles una fotografía, Simiso organiza a sus compañeros y salen a la calle cargados de sus instrumentos. Escogen ellos el sitio, junto al bar ilegal. Cielo e infierno a dos pasos justos.

Çe la musique! felicidades crak!
acabo de escuchar por TV este extraordinario conjunto y considero que nunca me maraville con sus interpretanbciones, adelante muchachos y demuestren que el color de la pien, en la musica no existe – pienso asi porque me agrada la buena interpretancion, venga de donde venga – graciuas por este momnento tan agradable que me hicieron pasar y olvidarme por unos momento de los terribles acontecimientos mque sufre el mundo . GRACIAS GRACIAS GRACIAS
MI CORREO ES machimbrado75@hotmail.com me llamo mario carlos cepeda y soy de Rosario, prov. de Santa Fe – republica Argentina