2010
Publicado en La Vanguardia el 12/02/2010. Praal (Ciudad del Cabo).
Homenaje al partido herido. El portavoz oficial del Congreso Nacional Africano (CNA), Jackson Nthambu, no sabía dónde meterse ante las preguntas de media docena de periodistas. “No lo entendéis, Winnie Mandela no ha venido porque estar aquí le supondría demasiado dolor”, sugería. ¿Y Zuma? “La ausencia del presidente ha sido un error, su presencia no estaba confirmada del todo”, disimulaba con descaro junto a un póster con fecha y hora que rezaba lo contrario.
Nthambu zanjó su retahíla de excusas por la ausencia de las dos personalidades más destacadas del acto principal del vigésimo aniversario de la liberación de Mandela con un: “¡Basta de preguntas, esto no es una entrevista!”. Luego se esfumó. Estaba previsto que el presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, y la ex esposa de Mandela lideraran una marcha simbólica para recrear los primeros pasos libres del héroe antiapartheid, pero se quedó en intención. Y con la carga emotiva falta de cafeína, el tributo a las puertas de la cárcel de Drakenstein, donde Madiba pasó los últimos meses a la sombra tras 27 años preso, se convirtió en un homenaje de siglas políticas: camisetas y banderas del CNA por doquier, mítines políticos y vivas al partido. Aunque con el ambiente teñido de recelo. El plantón de los dos símbolos avivó los ecos de desunión en el seno del partido.
Dos semanas atrás, Winnie Mandela criticó las luchas internas por el poder en el CNA, que dijo ha “perdido el alma”. En una entrevista en Sunday Times,lanzó con bala: “Este no es mi CNA, las posiciones se han convertido en lo más importante”, señaló.
El propio presidente también fue un (involuntario) símbolo de división. La semana pasada, Zuma se vio obligado a pedir disculpas por la tormenta política desatada tras saberse que había sido padre de nuevo. Su vigésimo hijo, de una relación extramatrimonial, fue demasiado para la oposición, que lamentó el ejemplo de Zuma en un país con 5,7 millones de enfermos de sida. La novedad es que los gestos de desaprobación – sottovoce-llegaron también desde el CNA.
Ayer era un día simbólico para Sudáfrica, pero ni Winnie ni Zuma quisieron acercarse a la celebración, llena de periodistas de todo el mundo cargados de preguntas incómodas.
Tampoco gusta en algunos sectores del partido el populismo del líder de la liga joven del CNA, Julius Malema. Ayer, los críticos recibieron dos tazas. El joven de 28 años encendió a las masas a las puertas de la cárcel salpicando sus proclamas de puñaladas al ex presidente blanco De Klerk. “Él no nos salvó de nada, es el representante del racismo y jamás podrá compararse a Nelson Mandela”, dijo. Fue el más aplaudido.
Los ministros Trevor Manuel y Tokyo Sexwale o el ex presidente Kgalema Motlanthe pusieron la miga política, pero fueron los ancianos compañeros de lucha (y de celda) de Mandela quienes salvaron la sensibilidad del momento. Cogidos de las manos, lideraron la marcha simbólica, que recreó los primeros 500 pasos sin rejas del padre de la nación sudafricana. “Aquel 11 de febrero de 1990 recuperamos la dignidad como país”, recordaba a este diario el octogenario Ahmed Kathrada, condenado a cadena perpetua junto a Mandela en 1964.
La presencia de corbatas y leyendas antiapartheid fue suficiente para muchos. A pesar de estar en paro, Mzukisi Notoko, que había viajado más de una hora para asistir al acto, negaba la decepción. “Estamos aquí por amor a Madiba;Winnie y Zuma tienen cosas que hacer, no importa que no vengan, yo apoyaré siempre al CNA”. Un remolino de caras asentía a sus espaldas.


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