2010
Publicado en La Vanguardia el 08/03/2010. Potchefstroom, Sudáfrica
La viñeta arranca con un punto de sarcasmo. Una tira cómica sudafricana muestra estos días a un jugador con la camiseta de la selección española y gafas oscuras doblado por la resaca mientras se lamenta con un “Dios mío” revelador. De fondo, varios jóvenes siguen la fiesta mientras una caricatura de Danny Jordaan, secretario de la FIFA, sentencia: “¡Enviar a los españoles a la ciudad universitaria de Potchefstroom fue un gran error!”. Durante el Mundial de Sudáfrica, que se inicia el próximo 11 de junio, el combinado de Del Bosque se hospedará en esta pequeña población a 150 km al sudoeste de Johannesburgo conocida por albergar la cuarta universidad más grande del país. Más de 35.000 de los 200.000 habitantes de Potchefstroom son estudiantes. Pero, pese a las bromas gráficas, la tranquilidad está asegurada. La Vanguardia visitó el campo base donde vivirá y se entrenará el equipo español, un centro de alto rendimiento deportivo con la última tecnología, varios campos de entrenamiento en perfectas condiciones y a apenas 500 metros de distancia las habitaciones de los jugadores. Una visita al High Performance Institute of Sport – todo el mundo lo llama HPI-arrincona cualquier otra definición: es un edén para la práctica del deporte a 1.400 metros de altitud.
Divan Engelbrecht, responsable técnico del gimnasio, saca pecho al mostrar las “mejores instalaciones de un centro de alto rendimiento de Sudáfrica y muy probablemente de África”,según define. En la sala hay varias filas de bicicletas estáticas, cintas para correr y cientos de máquinas de musculación frente a un gran ventanal acaparado por un sauce llorón y el verde eléctrico del césped recién cortado. Más de 400 deportistas profesionales de todo el mundo usan las instalaciones para entrenarse durante algunos periodos del año. La británica, Paula Radcliffe, campeona del mundo de maratón, es una de los muchos atletas que eligen el HPI y el cálido verano sudafricano para poner sus piernas a punto.
Engelbrecht enseña las cuatro salas de masaje, el sector de rehabilitación y el laboratorio deportivo (de investigación y control del rendimiento de los atletas), mientras el principal equipo de rugby de la ciudad resopla bajo decenas de kilos en pesas. “Todas las máquinas son de la última tecnología y tanto las pesas como todo lo demás son las que se utilizan en competición, cualquier cosa que se necesite para hacer deporte está aquí”, explica. Junto a la sala de musculación, se abre la zona de aguas. Una piscina con el agua a ocho grados, acompaña a otra, mucho mayor, a una temperatura de 28. “Esto les irá genial a los jugadores para recuperarse de los golpes, aunque esperemos que sean pocos”, bromea. Para Engelbrecht no hay duda: “Sinceramente, conozco las instalaciones deportivas del país, y creo que España no podía haber escogido mejor”.
John Bond, mánager del HPI, lo corrobora pero él prefiere subrayar los detalles. Si se atraviesan varios campos de rugby y uno de cricket, se llega al Sports Village, el lugar donde se hospedarán los jugadores y el equipo técnico. Un paseo que Bond convierte en diferencial: “La mayoría de selecciones estarán en hoteles o apartados de los campos de entreno varios kilómetros, aquí puedes ir andando a entrenar o al gimnasio. Eso es un lujo”.
Una valla metálica protege a la miniurbanización – y a los trabajos de acondicionamiento-de miradas indiscretas. Se trabaja a destajo. La selección será el primer huésped del recinto de cinco chalets de lujo con 80 habitaciones dobles, internet sin cables, salón comedor y cocina propia. Para que todo estuviera perfecto se construyó una habitación completa, con todos sus complementos, para que la delegación española diera su visto bueno. Y lo dio. “La construcción se habría hecho igual, pero hemos acelerado los trabajos por el Mundial; los españoles estrenarán unas habitaciones que cumplen estándares de hotel de cuatro o cinco estrellas”, asegura Bond.
Entre las mansiones, un grupo de obreros se afana en construir una piscina privada para la relajación de los futbolistas. No hay edificios altos a la vista y la zona es una especie de urbanización desparramada en medio de la naturaleza. Cuando llegue la roja,la tranquilidad será aún mayor. Durante la estancia de los futbolistas, nadie más podrá utilizar ni las instalaciones ni la universidad. Una semana antes y después del torneo, todos los colegios y universidades del país cerrarán.
Durante la visita, una excavadora destroza el silencio del lugar. Junto al hogar de los futbolistas se está construyendo a marchas forzadas el campo de entrenamiento oficial. “El terreno de juego debe cumplir los estándares FIFA y costará 600.000 euros”, apunta John. Las torrenciales lluvias sudafricanas amenazan con dificultar que la hierba arraigue, pero a Bond no le quita el sueño. Si hubiera algún problema – “que no lo habrá”, matiza-,las instalaciones cuentan con el plan B del campo de rugby oficial, a tiro de piedra y con la hierba a punto.
La ciudad de Potchefstroom, que dispone de un pequeño aeropuerto para facilitar los desplazamientos del equipo, es un enclave afrikáner donde el inglés es lengua incómoda para muchos y el rugby es toda una religión. Bond lo deja claro, casi sin querer, al preguntarle por sus preferencias para el Mundial: “La verdad es que no conozco a ningún jugador español, pero como les acogeremos aquí, ¡apuesto por que gane España!”.


Me h a gustado mucho la exposicion que se hace tan real. Mis felicitaciones.Falta la tilde de exposicionper