20.03
2010

Publicado en La Vanguardia el 19/03/2010. Johannesburgo, Sudáfrica

Zuma y sus tres esposas. Foto: AP

Zuma y sus tres esposas. Foto: AP

 La imagen dolía. El pasado febrero, durante las celebraciones del veinte aniversario de la liberación de Mandela, una fila de coches de alta gama descansaba a la sombra de tres jacarandas a las afueras de Ciudad del Cabo. A diez metros, una carpa repleta de políticos y personalidades, daba cuenta de un buffet en un ambiente fresco, gracias a varios aparatos de aire acondicionado instaladas para la ocasión. Fuera, bajo un sol que atacaba a cuchillo, algo más de un millar de sudafricanos cantaba en recuerdo de Mandela.

Hace veinte años, la mayoría de esa elite alzaba los puños por la libertad a las afueras del recinto.

Anteayer fue la oposición quien perdió la paciencia. Tras varios meses de denuncias por el derroche del gasto público del gobierno, la gota que colmó el vaso fue el anuncio del propio Parlamento sudafricano de que el presupuesto oficial para las mujeres del presidente se ha duplicado en un año. En el ejercicio 2008-9, el gasto destinado a la familia presidencial era de unos ochocientos mil euros; desde que Zuma alcanzó el poder en mayo, la cifra ha ascendido a 1,5 millones. El ministro de la Presidencia, Collins Chabane, señaló que la cifra cubre los gastos de las primeras damas, sus viajes oficiales, amén de sus secretarias personales, ordenadores portátiles y móviles.

La oposición no tardó en saltar a la yugular de Zuma y atizó sus costumbres polígamas. Casado con tres esposas y padre de al menos 20 hijos, el político de 68 años ha hecho de la defensa de sus tradiciones una bandera fértil tanto en votos como en críticas afiladas. Su popularidad, enorme entre los sudafricanos negros, no ha evitado que su imagen se ponga en entredicho: ayer la Asamblea Nacional rechazó una moción de confianza a propuesta de la oposición.

Helen Zille, líder de AD, hurgó en la herida. Además de tildar el gasto de “exorbitante”, dejó caer una puya a la faceta de pluriesposo de Zuma: “Es imposible, incluso para alguien con el sueldo del presidente, cuidar de una familia del tamaño de la de Zuma sin depender en gran medida de benefactores privados y el dinero de los contribuyentes”. Mathole Motshekga, del Congreso Nacional Africano (CNA), tildó las declaraciones de su rival político de “desagradables y muestra de la peor intolerancia cultural”.

Pero el goteo de la caja del gasto público sudafricano no es cosa de ayer. El diario local Mail & Guardian denunció el domingo que el ministro de comunicación sudafricano había pasado 88 noches en dos hoteles de lujo de Ciudad del Cabo – a entre 400 y 900 euros la noche-a costa de las arcas sudafricanas pese a disponer de residencia oficial. Su departamento le defendió con torpeza: no podía dormir en su hogar oficial porque aún no le habían traído la cama. En octubre, el ministro de policía tuvo que dar explicaciones tras gastar casi 24.000 euros en 17 noches de un hotel de lujo al sur del país. Alegó que se había visto obligado a residir en el hotel por los trabajos de renovación en la casa que le proporciona el gobierno.

Otro caso con sordina mediática saltó hace unos días, con la diana puesta en el líder de las juventudes del CNA, Julius Malema. El popular político de 29 años, a quien el propio Zuma se refiere como un “líder de futuro”, se defendió con malas artes de quienes le acusaban de ser director de varias empresas que habían sido favorecidas con jugosos contratos y de que, pese a ganar poco más de dos mil euros al mes, poseía dos mansiones pagadas al contado, coches de lujo y un reloj valorado en 25.000 euros. Malema lo negó todo, dijo que los ataques sólo buscaban desprestigiarle y, en rueda de prensa, se defendió con golpes bajos: “Sabemos quiénes de los que estais aquí, periodistas poco éticos, os estais acostando con políticos para obtener información”, soltó.

No hay comentarios.

Añade tu comentario