2010
Publicado en GuinGuinBali el 29/03/10
El nuevo medio de comunicación digital GuinGuinBali, informa sobre África desde las islas Canarias y mediante una red de corresponsales tendida sobre el continente. Gente con ganas y enamorados de África. Ojalá tengan suerte.
Me hicieron esta entrevista:
Xavier Aldekoa empezó a colaborar en La Vanguardia en 2004. Licenciado en Periodismo y eterno estudiante de Ciencias Políticas, según se define él mismo, ha realizado reportajes desde diferentes partes del mundo como varios países europeos, India, Marruecos, Senegal, EEUU, Malí, Togo, Sudáfrica o Lesotho. En octubre de 2009 se convirtió en el corresponsal de La Vanguardia para el África Subsahariana, donde los reportajes, cuenta “te saltan a la yugular”.
1.- ¿Qué cree que es, por la información que a usted le demandan, lo que más interesa en España de África?
Buenas historias. Pero de África y de cualquier otra parte del mundo, creo. En mi caso, tengo la suerte de poder seleccionar los reportajes que quiero hacer, así que no tengo demasiado en cuenta lo que “interesa”. Y me explico. Considero que el buen periodismo tiene que ir más allá del interés del lector y éste no debería ser nunca el punto de partida. El objetivo es hacer un trabajo atractivo, bien hecho y honesto. Ganarme luego el interés del lector es “culpa” mía, no del tema.
Además, África es demasiado apasionante como para reducirse al fútbol o el nuevo hijo adoptivo de Madonna, que imagino que deben acumular ‘clicks’ a mansalva. En este continente, sólo con bizquear un poco, te saltan los reportajes a la yugular.
2. ¿Qué imagen cree que tienen en España de la zona que usted cubre? ¿Está satisfecho con el grado de conocimiento?
Cubro África Subsahariana para La Vanguardia (si eso es posible), así que en el titulillo creo que está la respuesta. Aún se ve a África como un todo. El triángulo del mal (léase Somalia-piratas, Sahara-Al Qaeda, Sudáfrica-Mandela y Mundial) ya está bastante incrustado, creo. Si se le añade un poco de miseria y guerra por el centro, la radiografía se vende como churros. Pero también creo que nunca se ha podido acceder a tanta información del continente. Si te interesa África, te puedes hinchar. Y también hay gente que se hincha. A ver si yo puedo empujar un poco.
3. ¿Cuál es la noticia o reportaje de la que está más orgulloso?
¡Del próximo! O eso espero.
Recuerdo con especial cariño uno que hice en Togo sobre los denominados Niños Demonio. Me pilló a contrapié (no viajé para escribir de ellos), pero me tropecé con uno de ellos en un mercado, me explicó su historia y fui tirando del hilo. Visité un centro donde les dan refugio y autoestima y acabé encima de una bici oxidada, perdiéndome cuatro días por el norte del país para dar con un brujo que había acusado a un niño de comerse el alma de sus padres. La historia es triste, pero creo que debe conocerse.
A veces el orgullo se contagia, más que venir del reportaje en sí. A finales del año pasado, fui a Swazilandia a escribir un reportaje sobre el sida. Una vez allí, conocí a un milagro en el cuerpo de una anciana de 81 años –la esperanza de vida se ha derrumbado en el país hasta los 37 por el sida- que cuidaba de su nieto. Casi toda una generación ha muerto en este pequeño país africano, que tiene el mayor porcentaje de enfermos de sida del mundo. Y ya hay unos 70.000 huérfanos. Lukhele, así se llama, ya había criado antes a otros tres nietos. En esas abuelas anónimas se sustenta la esperanza de este espectacular país.
4. Para un corresponsal, ¿que es mejor: la visión como extranjero recién llegado, la de alguien ya integrado o la de un periodista del país?
Buf, que sea honesto con lo que es. Es importante integrarse, moverse y empatizar y supongo que cada uno intenta hacerlo a su manera desde el punto de partida que le haya tocado. Las tres tienen sus ventajas y desventajas, así que imagino que es una cuestión de ser conscientes de tus limitaciones y compensarlas con trabajo, ganas o arremangarse la camisa. El periodismo no sigue patrón, así que los periodistas no deberían seguirlo.
5. ¿Qué es lo que le resulta más complicado de explicar, de transmitir, sobre la cultura local?
Sudáfrica es un país que exige paciencia. Tiene un libro de historia en cada esquina y cada persona con la que hablas tiene una vida apasionante detrás. Hay que ir poco a poco para entrar ahí, porque esa historia no es sencilla; es turbulenta, complicada y humana. Los matices son importantísimos en un país donde el odio no se reduce al color de la piel. O no únicamente. Transmitir eso para explicar las convulsiones del presente, sin caer en el reduccionismo de la violencia como carnaza o el buenismo de justificar lo injustificable, es un reto. Y bendito desafío, eh.
6. ¿Cuál es, a su juicio, la principal similitud entre ambos países? ¿Y la mayor diferencia?
Telita con la pregunta. Sin entrar en una respuesta demasiado sesuda, apuntaría que los dos países son espectaculares. Son dos países que no se entenderían igual sin su naturaleza. Sus playas, montañas, fauna, su cultura e historia… Son dos países interesantísimos para leerlos, recorrerlos y, sobre todo, vivirlos. Quizás la principal diferencia es que aquí el color de la piel suele dar pistas de lo vacíos que llevas los bolsillos. Aunque pienso en los manteros de las Ramblas y no sé si es una diferencia o sólo una cuestión de cantidad.
7. ¿Cual es la noticia que más le gustaría llegar a dar?
Intento no ser demasiado utópico. Me gustaría no tener que escribir noticias en las que cambias los dígitos de muertos a medida que escribes. Pero también hay que escribirlas. Prefiero no dejarme deslumbrar por las grandes historias, en las pequeñas también hay sitio para resumir el todo.
8. ¿Cómo ve el futuro del periodismo en África?
Hay mucha gente local con ganas y conocimiento para contar. Y valentía para hacerlo. El otro día hablaba por teléfono con un colega somalí que dudaba si publicar un informe que nos habían filtrado. Yo me planteaba el valor periodístico –joé, era evidente que sí- y no le enganché a la primera. “Trabajo en zona rebelde, si publico esto irán a por mí”, me soltó. A él le iba la vida. Hay gente muy buena y muy honesta a la que no se valora. Un tipo de la BBC en Luanda hablando de un atentado en Cabinda tiene más credibilidad que un periodista local que lleva los zapatos llenos de barro por esconderse de los tiros en un lodazal. O quizás no es credibilidad, es que simplemente ni se le oye. Ojo, no digo que todos sean buenos, pero me quito el sombrero ante muchos de ellos. Mucho respeto. Si es por ellos – y si les dejan- hay futuro.
9. ¿Recuerda alguna anécdota que ilustre las peculiaridades de su trabajo?
También hay trabajo de ordenador, contactos y leerse informes hasta las tantas, pero esas anécdotas aburrirían a los koalas. En el terreno hay más matices. De vuelta de Tombuctú (Malí), el fotógrafo Llibert Teixidó y yo íbamos en un coche destartalado que se paraba cada dos por tres. Teníamos que atravesar un camino de arena de 200 km de desierto hasta la primera carretera de asfalto. Íbamos calculando los kilómetros que deberíamos andar -y el agua que quedaba- si el coche no arrancaba más. A ojo, no hacíamos más de siete kilómetros sin que el coche volviera a vomitar humo por el capó. El objetivo se convirtió en llegar a un paso policial a mitad de camino. Justo en esa desesperación (quedaban unos 50km para el paso) se cruzó un coche lleno de tuaregs dirección Tombuctú. Olieron problemas de blancos -léase dinero fácil- y nos dijeron que nos llevaban hasta el control policial por un pastizal. Les dije que nanai, que ese dinero era exagerado y que, además, los ocupantes habían pagado para ir a Tombuctú y no para esperarnos. Llibert no sabe francés y cuando vio que se marchaban no se lo podía creer. Pero es un profesional y, en lugar de colgarme, me hizo la foto que os he mandado. Un jabato. Al final conseguimos llegar de noche al control policial y dormir en una caseta abandonada con alguna que otra rata (creo que Llibert me amó, así tal cual) y al día siguiente abandonamos el coche, muerto, y nos subimos entre la carga de un camión para llegar a Mopti.
Habría sido mucho más fácil solucionar los problemas con el bolsillo, pero me niego por respeto. No se me escapa que soy blanco y tengo visa, pero si quiero que me miren igual, no puedo pretender salir corriendo cuando me pasa lo normal en África: que los coches se estropeen, que las cosas no salgan o que haya que esperar.

Gracias Xavier!…por esto y por aquello
Suerte en el camino….
oye soy meencanta ver este imagenes tan perecioso desde dakar muy pronto en dakar