2010
Publicado en La Vanguardia el 06/06/2010. Soweto, Sudáfrica
Brasil, la locura. Rooney, el delirio. Messi, el entusiasmo. El trofeo de la Copa del Mundo, la emoción. Sudáfrica se ha desatado y se acaban los calificativos. Ayer le tocó a Soweto. El township o barriada con más historia del país se agitó por una marea de camisetas, banderas de los Bafana bafana y caras de felicidad. Sobre todo entre los más pequeños. Tras llegar al país el viernes, el trofeo del Mundial se expuso hasta la tarde de ayer en el centro Dlamini de Soweto. Y estalló la locura. Unas 20.000 personas por día y de todas las edades – incluso un bebé de nueve meses-se acercaron para fotografiarse con la copa, jugar partidillos o pintarse la cara con los colores de la bandera sudafricana.
Y entre tantas muestras de alegría, los niños sintetizan estos días la emoción sin colorantes. “¡Aquí en el township,es increíble lo que está pasando!, nunca pensé que podría ocurrir, pero están aquí, no sé qué decir”, se atropellaba al expresarse Lisojo Lesiohonolo, de once años. Lisojo era uno de los miles de seguidores que el jueves asistieron a un entrenamiento público de la selección brasileña en el barrio de Dobsonville, en Soweto. La ciudad de Johannesburgo repartió 10.000 entradas gratuitas, pero se quedó corta. Cientos de seguidores se apretujaban en la puerta y, entre ellos, decenas de niños buscando un hueco para echar un ojo. “Es fantástico; Kaká, Robinho están ahí detrás, todos los jugadores que vemos por la televisión estarán en Sudáfrica, no puedo contenerme”, decía Omar, de unos 10 años. Pese a la corta edad de ambos, no hay rastro de adultos que les acompañen.
No es raro. A miles de niños sudafricanos les parece tan increíble que los mejores astros del balón, aquellos a quienes siguen religiosamente cada semana, estén tan cerca de ellos que se olvidan de lo demás. Un detalle ilustra esas ganas: Nomvula Mokonyane, jefa de Gobierno de Gauteng, provincia de Johannesburgo y Pretoria, desveló que había decidido reforzar el equipo que cuida a los menores perdidos. “Nuestros niños son muy exploradores y quieren ver a sus ídolos, así que hacen lo que sea por verles. Son sus ejemplos, sus dioses. Cuando Maradona y Rooney vinieron a la ciudad, miles de niños llegaron para verles desde todas partes, algunos ni siquiera sabían cómo habían llegado y muchos no sabían volver a casa. Es un tema que nos preocupa y durante el Mundial reforzaremos esa cuestión”, aseguró, contundente.
Ayer, el portavoz del Gabinete provincial, Dumisani Zulu, pidió responsabilidad a los padres. “Ellos deben ser los primeros en vigilar que sus hijos no vayan solos, hemos reforzado el número de policías que vigilan las inmediaciones de las campos de entrenamiento, pero es un reto enorme, no podemos responsabilizarnos de la seguridad de los miles de niños que van a ver a sus ídolos”, señaló.
En el contexto de un township,ver a un grupo de niños muy jóvenes sin adultos alrededor no es una postal inusual. Por eso las palabras de Zulu parecen una pelea contra el mar: “Si alguien encuentra a un niño solo debe acompañarlo a una comisaría, donde se ocuparán de él. Los padres deben saber que no es seguro que un niño ande todo el día solo”.
Pero la ilusión infantil no entiende de prudencia. Esta semana, un responsable de los campos donde entrena la seleção puso en imágenes la pasión de los menores sudafricanos y pidió más vigilancia. “Cuando el autobús sale al atardecer, muchos niños corren detrás del vehículo para verles, porque no han podido entrar en las instalaciones. Alguien debería controlar eso”, advirtió.
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