2010
Publicado en La Vanguardia el 12/06/2010
Prometo no dar la brasa y publicar todas las crónicas de partidos del Mundial. Ésta era la primera y dejo constancia de ello aquí. ¡Jugón!:
Hace unos meses, Óscar Washington Tabarez alentó a los suyos con una vuelta al pasado. En la fase de clasificación para el Mundial de Sudáfrica, cuando se jugaba la vida ante Brasil, el técnico de Uruguay rememoró las palabras del mítico Negro Varela, capitán del conjunto celeste que en 1950 ganó el Mundial en Maracaná. “Para nosotros ningún partido es fácil, pero ninguno es imposible”, dijo entonces. Ayer no sólo los uruguayos, también los franceses, se empaparon de ese recuerdo y cobraron tan cara su derrota que acabaron por empatar.
El Green Point Stadium de Ciudad del Cabo, maravilla arquitectónica en un enclave de postal, acogió un partido bronco, de espinilleras necesarias, pero con espacio para el fútbol en estado puro. No es fácil ganar a Uruguay. Pero a Francia tampoco. Por eso el marcador no se movió.
Los galos fueron los primeros en dejar claro que son un rival incómdo. Heridos en el orgullo tras la sonrojante derrota en amistoso contra China, los de Raymond Domenech salieron a morder. Ribéry, el mejor de los franceses, se encargó de los argumentos. Con el pitido inicial aún reciente, el extremo del Bayern de Munich se internó como un cuchillo por la banda izquierda, centró raso al centro y Govou falló con el portero vendido. El error de bulto del atacante del Lyon, sin embargo, no lo fue tanto: sirvió para decirle al mundo que Francia ni es tan vieja como se dice ni mucho menos está acabada. Primero hay que jugar.
El problema es que si hay un equipo poco impresionable ese es Uruguay. Si es cuestión de pelea, los uruguayos saben usar sus armas y golpear. En el ecuador de la primera parte, Diego Forlán, después de un recorte eléctrico dentro del área grande, soltó un derechazo que obligó al guardameta Lloris a lucirse y encargar respeto para el rival.
Con el medio del campo convertido en una batalla de posición, – en esa guerra el central del Fenerbahce, Diego Lugano, sentó cátedra ayer-,Ribéry siguió siendo la razón de ser de Francia en ataque. Una falta provocada por él cuando se partía la cara con dos defensas de Uruguay la convirtió Gourcuff en el primer casi golazo del Mundial. Su tiro directo a la escuadra desde una posición escorada, cuando lo más normal habría sido un centro convencional, cerró el peligro de la primera mitad. Quedaba un mundo.
En la segunda parte, cada pelota dividida siguió siendo un campo de minas, pero también hubo peligro con la pelota. A cada disparo de los galos – Anelka y Toulalan lo intentaron desde lejos-respondía Forlán en la otra portería. En un rebote de salida de córner, que Luís Suárez no atinó a controlar y quedó mansa en el punto de penalty, el delantero del Atlético de Madrid demostró que también sabe fallar lo fácil. Con el joven atacante del Ajax voluntarioso pero desacertado, Forlán se quedó como un argumento insuficiente para la victoria de los suyos.
Sólo al final, cuando Uruguay se quedó con diez y Francia se fue arriba con Henry y Malouda ya en el campo, los galos amagaron con ser líderes del grupo A. Pero, cuando Ribéry se queda sin gasolina, a los bleus les falta punch.
El Francia-Uruguay de ayer fue de esos partidos que, por duros, son poco agradables de jugar, pero, por competitivos, la victoria sabe a gloria. El empate, a diablos.

No hay comentarios.
Añade tu comentario