13.06
2010

Publicado en La Vanguardia el 12/06/2010

South Africa WCup SoccerVuvuzela. La trompeta de plástico que barrita como un elefante encolerizado fue ayer la banda sonora de todo un país. Sudáfrica vivía ayer una fiesta y quiso que todo el mundo se enterara. Desde primera hora de la mañana – y aquí eso es muy temprano-,Johannesburgo se llenó de entusiasmados hinchas que peregrinaban hacia Soweto para asistir a la jornada inaugural. La pasión del país sólo tuvo una tacha: en la madrugada del jueves al viernes, una biznieta de Mandela de 13 años murió en un accidente de tráfico e impidió la presencia del líder antiapartheid, de 91 años, en el día grande del fútbol.

Pero la mueca de disgusto duró poco. En Sudáfrica, cuando hay ganas de verbena, los estadios reciben a los seguidores cuatro o cinco horas antes del saque inicial. Ayer fue incluso necesario. Los aledaños del Soccer City se colapsaron completamente. Para un trayecto que se hace normalmente en treinta minutos, ayer se tardaba tres horas y media. A cambio, el camino se convirtió en una fiesta. Gente disfrazada, con pelucas, gafas gigantes y vuvuzelas avanzaba entre coches con gente subida en las ventanas o el capó.

La romería no sólo era cuestión de hinchas con entrada en el bolsillo. En las aceras, en los puentes y bordes de la carretera, miles de vecinos de Soweto creaban un pasillo de trompetas, silbatos y color aunque no tuvieran intención – ni medios-de ver el espectáculo sin televisión de por medio. Todos querían disfrutar del Mundial y, de paso, algunos aprovechaban para sacarse unos rands. Muchos vecinos de casas pobres de Soweto ofrecían sus jardines como aparcamiento improvisado a un par de kilómetros del campo. Se tardaba menos que en coche. Luego, ya en las gradas, el tapón circulatorio tuvo reflejo en varios asientos sin ocupar, pese a estar todo el papel vendido. No se notó en las ganas.

Cuando un guerrero zulú saltó a la tarima central poco después de las dos, vuvuzelas a pleno pulmón ahogaron con ruido los nervios de los que se apresuraban a entrar al recinto. Vuvuzelas, cómo no, para iniciar el Mundial.

La ceremonia inaugural, con muchas referencias a etnias sudafricanas mayoritarias, como los zulús o los xhosa, combinó ritmos ancestrales con hip hop e incluso ópera. Todo cabe en la nación del arco iris. Sobre todo, color. Blancos, mestizos y negros compartían asientos en una imagen imposible hace un cuarto de siglo. El acto también tuvo un deje informal, rozando el desenfado, bastante alejado de ceremonias inaugurales con alma de perfección y cerebro chino. Porque esto es África.Y es su Mundial.

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