2010
Publicado en La Vanguardia el 19/06/2010
Inglaterra no se lo quería creer. Después del sorteo de grupos, allá por el mes de diciembre, todos estuvieron de acuerdo en que el grupo de la muerte era el de Brasil, Portugal y Costa de Marfil. Y en que el de los ingleses era fácil. Pero los de Capello se han empeñado en levantar su propio Everest y ahora lo tendrán que escalar. Con un juego lento y previsible, apenas arrancaron anoche un empate a cero con Argelia. Y lo que es peor: no dieron la sensación de poder hacer mucho más. Terceros de grupo ahora mismo, con sólo dos puntos, se jugarán el pase a octavos con la sorprendente Eslovenia. Deberán ganar, porque el empate supone sacar la calculadora y cruzar los dedos.
El encuentro ya empezó con un gesto feo. Un aviso doble a los porteros: si se equivocan, adiós. Los dos guardametas que defendieron la portería de Inglaterra y Argelia en su primer partido del Mundial – Green y Chauchi, respectivamente-recibieron anoche la reprimenda por sus clamorosos fallos en forma de banquillo. Nada de segundas oportunidades, que esto es un Mundial. En el caso del argelino, se aludió a unos repentinos problemas físicos para disimular, aunque el jugador estuviera en el banco.
Hubo más cambios en el once inglés respecto al primer partido, pero porque la calidad mandaba: Carragher, que hizo pareja con Terry, y el hombre clave del engranaje británico, Gareth Barry, fueron de la partida desde el principio. Pero ni con el cerebro del Manchester City mejoró el juego inglés. De hecho, los zorros del desierto apretaron más al principio.
Karim Ziani, el futbolista más incisivo sobre el campo ayer, se adornó en la banda izquierda con quiebros imposibles, probó suerte desde lejos y lanzó varios centros a modo de advertencia. Pese a todo, el guardameta inglés, David James, tiraba de experiencia y tranquilidad para dejar las pelotas colgadas en recuperación de balón. De poco servía, porque Inglaterra jugó a nada anoche.
Hasta la media hora de partido, Inglaterra ni lo intentó. Un disparo tímido de Gerrard fue el aviso a la única oportunidad de verdad en los noventa minutos: Lampard rescató un balón sobre el punto de penalti y chutó cruzado para que M´bohli se vistiera de gato y atajara el esférico. Paradón.
Los de Capello no estuvieron cómodos ayer. Rooney, que quería desquitarse de su juego pálido contra Estados Unidos, lo empeoró. Apenas intentó un gol Jabulani desde treinta metros al final de la primera mitad, pero el portero argelino atrapó el balón sin avivar las dudas. Poco para uno de los jugadores llamados a brillar en el Mundial.
Tampoco el conjunto le ayudó. El equipo de Capello continuó su vía crucis de juego gris y ramplón en la segunda parte. Jamás amenazó a un adversario, muy serio en defensa y que logró cambiar las cosas: ahora Inglaterra ya no es favorita.

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