05.09
2010

Publicado en La Vanguardia el 25/08/2010

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Cuando escribo sobre Somalia siempre pienso en Hassan. En una de las primeras veces que hablé con él por teléfono. Nos acababan de filtrar un informe demoledor y él me decía que dudaba si publicarlo o no. Yo me planteaba el valor periodístico -joé era evidente que lo tenía y mucho- y no le enganché a la primera. “Trabajo en zona rebelde, si publico esto irán a por mí”, me soltó. A él le iba la vida.

Cuando supe que había habido un atentado en el hotel donde se suelen reunir periodistas y políticos del frágil gobierno somalí, fui como un rayo hacia el teléfono. No contestaba -la línea es mala y no era algo fuera de lo normal- así que le envié un mail.

Me contestó al cabo de un rato. Me enviaba un millón de abrazos.

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