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	<title>Xavier Aldekoa &#187; Buskaid</title>
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		<title>Violines en el gueto</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jan 2010 19:18:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en La Vanguardia el 10/01/10. Soweto (Sudáfrica)
El cielo y el infierno están a dos pasos en Soweto. Un grupo de chicos, sentados frente a una barraca que funciona como bar ilegal, escruta al intruso con cara de pocos amigos. Son los camellos de la zona. La británica Rosemary Nalden, de pelo blanco y ojos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en <a href="http://www.lavanguardia.es/premium/epaper/20100110/53865769402.html">La Vanguardia</a> el 10/01/10. Soweto (Sudáfrica)</p>
<div id="attachment_347" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2010/01/sudáfrica-buskaid-soweto-y-swaziland-029.jpg"><img class="size-medium wp-image-347" title="sudáfrica -buskaid soweto y swaziland 029" src="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2010/01/sudáfrica-buskaid-soweto-y-swaziland-029-300x225.jpg" alt="Algunos de los músicos de Buskaid, en Soweto. Foto: Xavier Aldekoa" width="300" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">Algunos de los músicos de Buskaid, en Soweto. Foto: Xavier Aldekoa</p></div>
<p>El cielo y el infierno están a dos pasos en Soweto. Un grupo de chicos, sentados frente a una barraca que funciona como bar ilegal, escruta al intruso con cara de pocos amigos. Son los camellos de la zona. La británica Rosemary Nalden, de pelo blanco y ojos verdes, hace como que no les ve y sigue su camino. Pero sí les ha visto. Lleva más de una década viéndoles y pasando de largo. A diez metros, en unas casas bajas junto a la iglesia, lidera un proyecto casi imposible: una escuela de música clásica para jóvenes de una zona de chabolas en Soweto, el mayor gueto negro de Johannesburgo.</p>
<p>Cada semana, ochenta jóvenes de entre 5 y 29 años reciben clases de violín, viola, violonchelo o contrabajo. El proyecto no son sólo buenas intenciones. Los mejores alumnos forman la Buskaid Soweto String Ensemble, una banda que suena como los ángeles y ya ha actuado por América, Oceanía y Europa.<span id="more-346"></span></p>
<p>La historia de esta escuela entre chabolas empezó como un rumor. A mediados de los años 90, Rosemary, violinista profesional en Londres, oyó hablar de unos adolescentes negros de Soweto sin medios pero apasionados por la música clásica. Y decidió actuar. Convenció a varios amigos músicos para donar sus instrumentos viejos y reunió fondos para, en 1997, crear la fundación Buskaid en uno de los peores barrios de Soweto, donde la mayoría de blancos aconseja no ir jamás. Empezó aportando sus conocimientos a unos pocos críos del barrio y ho y se ayuda de ex alumnos hechos profesores para brindar oportunidades al talento local. &#8220;Aquí hay chicos buenísimos, se vuelcan en la música y son absolutamente creativos&#8221;, explica sentada en un taburete y rodeada de instrumentos.</p>
<div id="attachment_348" class="wp-caption alignright" style="width: 235px"><a href="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2010/01/sudáfrica-buskaid-soweto-y-swaziland-033.jpg"><img class="size-medium wp-image-348" title="sudáfrica -buskaid soweto y swaziland 033" src="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2010/01/sudáfrica-buskaid-soweto-y-swaziland-033-225x300.jpg" alt="Ochenta jóvenes de entre 5 y 29 años reciben clases de violín, viola, violonchelo o contrabajo. Foto: Xavier Aldekoa" width="225" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Ochenta jóvenes de entre 5 y 29 años reciben clases de violín, viola, violonchelo o contrabajo. Foto: Xavier Aldekoa</p></div>
<p>No es fácil construir un proyecto así en el distrito de Diepkloof. Si algunas partes de Soweto se han desarrollado a velocidad de milagro, no es el caso de este lugar. La escuela Buskaid es un oasis en una realidad salpicada de delincuencia y drogas. No son tópicos fáciles. Hace unos meses, uno de los alumnos fue asesinado y una de las chicas fue violada. Rosemary también ha tenido algún problema, pero desdramatiza &#8211; &#8220;cuatro sustos desagradables no es tanto en doce años&#8221;, dice-y se queda con lo positivo: &#8220;¿Que si he pensado en dejarlo? ¡Cada día varias veces! Pero luego les escuchas tocar y piensas: ¡esto es!, ¡por esto vale la pena!&#8221;.</p>
<p>Kgotso pone en imágenes su emoción. Tiene sólo 11 años y hace 7 que llegó a la escuela de la mano de su hermana. No se podía quedar solo en casa, así que le dieron un pequeño violín para entretenerle. Hoy, al pedirle si puede tocar algo se hinche de orgullo y se quita la gorra como muestra de respeto. &#8220;No te puedes imaginar la pasión que tiene, viene cada día a ensayar&#8221;, apunta Rosemary, que, además de coordinar la escuela y dar clases, busca donaciones por todo el mundo.</p>
<p>Porque cada día se acercan más niños a la escuela. La mayoría llegan solos al centro, sin sus padres, y preguntan si pueden asistir a los cursos. La selección &#8211; este año las donaciones han permitido hacer 30 nuevas matrículas-va más allá de la habilidad musical y tiene en cuenta el interés y el contexto familiar.</p>
<p>Y esa filosofía implica riesgos. A Rosemary se le apaga la voz al recordar a Bafana, un joven adicto al alcohol y las drogas que se refugió en la música para huir de su infierno personal. Fue un espejismo. &#8220;Aquí es difícil, la tentación está ahí delante &#8211; y señala con la vista al final de la calle-,y tuve que expulsarle porque empezó a llevar a otros alumnos a beber; una pena&#8221;, explica.</p>
<p>Enseguida hay motivos para volver a sonreír. Simiso Radebe, de 19 años, entra en la sala para darle un abrazo. Sin más. Está más que feliz: le han dado una beca para ir a estudiar en la Royal Academy of London, y la escuela ha conseguido ayudas para pagarle la estancia. Será el sexto alumno en ir a estudiar a Europa. Simiso quiere agarrarse con las dos manos a la oportunidad de ser músico profesional. &#8220;Esto lo soñé antes de que pasara; tenía diez años cuando entré aquí y ahora está pasando de verdad&#8221;, explica emocionado. La simpatía de Simiso es una de las claves del éxito de la Buskaid Ensemble, que ha grabado varios CD, ha actuado delante de Nelson Mandela o la reina Elisabeth II y fue escogida por la revista británica Gramophone como una de las 10 orquestas más inspiradoras del mundo, junto a la Filarmónica de Nueva York o la Orquesta Sinfónica de Londres, entre otras.</p>
<p>El aplauso internacional anima a seguir adelante entre las casas bajas de Diepkloof. Hace falta. Al pedirles una fotografía, Simiso organiza a sus compañeros y salen a la calle cargados de sus instrumentos. Escogen ellos el sitio, junto al bar ilegal. Cielo e infierno a dos pasos justos.</p>
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		<title>Músicos y luthiers</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Jan 2010 15:41:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en La Vanguardia el 10/01/10. Soweto (Sudáfrica)
Un decálogo de normas colgado de la puerta de la escuela Buskaid deja las cosas claras. En negrita, para que destaquen bien, dos reglas de oro: nada de correr cerca de los instrumentos y mucho menos dejarlos bailando en algún taburete.
Un violín, una viola o un violonchelo son [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="mceTemp">Publicado en <a href="http://www.lavanguardia.es/premium/edicionimpresa/20100110/53865769508.html">La Vanguardia</a> el 10/01/10. Soweto (Sudáfrica)</div>
<div id="attachment_351" class="wp-caption alignleft" style="width: 235px"><a href="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2010/01/sudáfrica-buskaid-soweto-y-swaziland-019.jpg"><img class="size-medium wp-image-351" title="sudáfrica -buskaid soweto y swaziland 019" src="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2010/01/sudáfrica-buskaid-soweto-y-swaziland-019-225x300.jpg" alt="Kgotso, de 11 años, es uno de los alumnos más jóvenes de la escuela. Foto: Xavier Aldekoa" width="225" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Kgotso, de 11 años, es uno de los alumnos más jóvenes de la escuela. Foto: Xavier Aldekoa</p></div>
<p>Un decálogo de normas colgado de la puerta de la escuela Buskaid deja las cosas claras. En negrita, para que destaquen bien, dos reglas de oro: nada de correr cerca de los instrumentos y mucho menos dejarlos bailando en algún taburete.</p>
<p>Un violín, una viola o un violonchelo son más joyas si cabe en este lugar &#8211; la mayoría, piezas muy caras y de segunda mano, son donaciones desinteresadas de todos los rincones del mundo-,y un mástil astillado es una tragedia. Pero como la ecuación de niños e instrumentos frágiles suele dar pie a lo inevitable, hace ocho años se pensó en convertir los problemas en solución.</p>
<p>La sudafricana Sonia Bass, la profesora de violonchelo del centro, se puso al frente de un taller de reparación donde se enseña a los alumnos a subsanar los estropicios con pegamento y paciencia. &#8220;Jamás lo había hecho antes, pero hice varios cursos de formación sobre el arte de reparar, y el objetivo de momento es hacer operaciones básicas&#8221;, explica en su casa, al nordeste de Johannesburgo. Los medios económicos con los que cuenta Buskaid son escasos, y se nota: el taller está instalado en el garaje de la casa particular de Sonia. Como no había medios para alquilar un local, ella no dudó en ofrecer parte de su casa para arrimar el hombro. Aun así, el problema sigue siendo el bolsillo. <span id="more-350"></span>La bondad del proyecto de reparación se ha topado de nuevo con el muro de la pobreza: aunque Soweto está a las afueras de Johannesburgo y con un golpe de coche se pasa de una a otra ciudad en un pispás, un vehículo es un lujo inalcanzable para la mayoría. Así que no queda otra que convertir los problemas en nuevas ideas. &#8220;No tenemos muchos aprendices porque la mayoría de los chicos no puede pagarse el transporte público para llegar aquí &#8211; menos de dos euros ida y vuelta-,pero hemos empezado un proyecto para trasladar el taller junto a la escuela en Soweto&#8221;, cuenta.</p>
<p>Ya tienen donde. Hace seis años, la directora de Buskaid, Rosemary Nalden, compró una casa baja levantada junto a la escuela de Soweto en un arranque de optimismo: &#8220;Pensé que quizá un día, si iba todo bien, podríamos hacer más aulas o trasladar el taller, y creo que fue la mejor decisión que tomé&#8221;, explica.</p>
<p>Si las ayudas económicas sonríen en el futuro, tienen planeado abrir la escuela de reparación en Soweto en menos de tres años. Al menos eso es lo que desearía, porque no depende sólo de ella. Además de coordinar las donaciones directas y los conciertos, Rosemary se mueve como pez en el agua para buscar apoyos, pero admite que a veces siente &#8220;la fatiga de la buscadora de fondos&#8221;. De momento, ha conseguido convencer a varias firmas importantes. Algunas multinacionales sudafricanas, y unas pocas extranjeras, han apoyado el proyecto o han costeado parte de las giras internacionales de la banda. También han grabado cinco discos compactos y dedican los beneficios de las ventas a la escuela. Hay muchas cosas por hacer como para quedarse quieta, dice.</p>
<p>Acercar la escuela de reparación de instrumentos a los alumnos es uno de los proyectos que están instalados en la mente de Rosemary y Sonia desde hace más tiempo.</p>
<p>Para Sonia, sería una forma inmejorable de completar el círculo ya que &#8220;así se podría formar a más gente que no tuviera necesariamente habilidades musicales&#8221;. Si no se ha hecho hasta ahora, no ha sido cuestión de empuje. &#8220;Es verdad que siempre el dinero es un obstáculo importante, pero no insalvable. Está todo por hacer y lo haremos&#8221;, dice en un soplido. Y cuesta no creerle.</p>
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