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	<title>Xavier Aldekoa &#187; oro</title>
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		<title>Viaje al corazón de las históricas minas de Sudáfrica</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Dec 2009 17:39:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en Dinero el 12/12/09
Tres minutos para una eternidad. Cuando el ascensor montacargas desciende hacia las entrañas de la tierra, la luz del sol se apaga y sube la temperatura. Cuanto más abajo, más calor. Pero ninguno de los mineros parece reparar en la pesadez de la atmósfera o la oscuridad. Cuando se abre la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en <a href="http://www.lavanguardia.es/premium/epaper/20091213/53843424297.html">Dinero</a> el 12/12/09</p>
<div id="attachment_313" class="wp-caption alignleft" style="width: 306px"><a href="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2009/12/anglo-gold2.jpg"><img class="size-medium wp-image-313" title="anglo gold2" src="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2009/12/anglo-gold2-296x300.jpg" alt="Sudáfrica ha sido el mayor productor de oro del mundo durante más de cien años. En 2009 será el tercero por detrás de China y EEUU. Foto: Anglo Gold" width="296" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Sudáfrica ha sido el mayor productor de oro del mundo durante más de cien años. En 2009 será el tercero por detrás de China y EEUU. Foto: Anglo Gold</p></div>
<p>Tres minutos para una eternidad. Cuando el ascensor montacargas desciende hacia las entrañas de la tierra, la luz del sol se apaga y sube la temperatura. Cuanto más abajo, más calor. Pero ninguno de los mineros parece reparar en la pesadez de la atmósfera o la oscuridad. Cuando se abre la compuerta, a casi dos kilómetros de profundidad, desaparecen por un laberinto de túneles trufados de cables, tubos e iluminados con fluorescentes.</p>
<p>&#8220;Esto es como una ciudad&#8221;, dice Hennie Smit, responsable de seguridad de la mina de oro Harmony Shaft 2, en el corazón de la región sudafricana de Free State. Y lo es. Smit no es capaz de calcular los kilómetros de vías por las que unas vagonetas transportan la roca triturada y cosen de arriba abajo la mina, pero su estimación metafórica vale igual: &#8220;Son muchos kilómetros, este Estado es un queso gruyer interconectado&#8221;, señala. De los 5.500 empleados de la mina, apunta, más de mil están trabajando en ese momento bajo tierra. Un hormiguero de mineros, cascos con frontales en ristre, que sostienen uno de los sectores económicos clave del país.<span id="more-312"></span></p>
<p>Sin contar las enormes explotaciones de diamantes, cobre o carbón del país, Sudáfrica tiene unas 200 minas de oro en su subsuelo. Un negocio de enormes dimensiones que da empleo a 170.000 personas y generó casi 5.000 millones de dólares el año pasado.</p>
<p>La dimensión de los números se le escapa a Madikizewa. Trabaja desde hace más de una década en la mina donde debe perforar la pared con un taladrador que hace un ruido infernal y expulsa partículas de agua para enfriar la roca. Hace tiempo que el pico y la pala, símbolo minero, pasaron a mejor vida. En la sala, de apenas metro ochenta de alto, el vapor de agua apenas deja ver y el calor es asfixiante. Por hacer ese trabajo durante ocho horas diarias, Madikizewa cobra menos de 350 euros al mes más un incentivo por cada agujero. Hay mineros de rango inferior que ganan 200. En la superficie, les esperan duchas, comedores y zonas de descanso. Y a tiro de piedra, un pueblo alberga a la mayoría de trabajadores y sus familias. &#8220;Antes, mi mujer se preocupaba mucho porque trabajara aquí &#8211; dice-pero ahora está contenta porque ve que tenemos dinero para comer&#8221;.</p>
<div id="attachment_314" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2009/12/mina-085.jpg"><img class="size-medium wp-image-314" title="mina 085" src="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2009/12/mina-085-300x225.jpg" alt="Trabajadores en una mina de Virginia, Sudáfrica. Foto: Xavier Aldekoa" width="300" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">Trabajadores en una mina de Virginia, Sudáfrica. Foto: Xavier Aldekoa</p></div>
<p>La preocupación familiar no es gratuita. Es un trabajo peligroso. Las minas de oro sudafricanas son las más profundas (hasta cuatro kilómetros bajo tierra) y el ratio de heridos y muertos anual muy alto. De 220 muertos en el sector de la minería en Sudáfrica el año pasado, 115 se produjeron en minas de oro. Hace 25 años, la media de accidentes mortales en minas de oro superaba el medio millar. La seguridad ha mejorado mucho porque es casi una obsesión para las empresas, asegura Smit. Además de cursos cada once meses, antes de cada jornada se lleva a cabo una reunión con cada grupo de trabajo para comprobar el material y recordar las medidas de protección. Todos los túneles tienen medidores de gases, conexiones de refrigeración y hay puntos de agua potable &#8211; y fría-en cada nivel.</p>
<p>Desde los despachos se insiste en la enorme inversión que las empresas dedican a este aspecto. Joanne Jones, portavoz de Anglo Gold Ashanti, primera compañía del país con más de 37.000 empleados, zanja el asunto con aplomo pero sin dar porcentajes: &#8220;Ha habido cambios radicales en los últimos 10 o 20 años en relación a la seguridad y las condiciones de trabajo. Se gasta mucho más en seguridad, salud de los trabajadores y desarrollo de la tecnología que en el pasado&#8221;, explica.</p>
<div id="attachment_315" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2009/12/Anglo-Gold1.jpg"><img class="size-medium wp-image-315" title="Anglo Gold1" src="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2009/12/Anglo-Gold1-300x195.jpg" alt="Pese a las fuertes medidas de seguridad, las minas de oro sudafricanas son de las más peligrosas del mundo. Foto: Anglo Gold" width="300" height="195" /></a><p class="wp-caption-text">Pese a las fuertes medidas de seguridad, las minas de oro sudafricanas son de las más peligrosas del mundo. Foto: Anglo Gold</p></div>
<p>La inversión es casi una cuestión de fe, tanto por las cifras como el plazo que hay que esperar para ver sus resultados. Según los expertos, el periodo de tiempo entre la exploración, el descubrimiento de una reserva de oro, el desarrollo de la mina y empezar a producir oro son unos diez años. Sólo la construcción de la mina, los túneles y las medidas de seguridad necesita unos cuatro o cinco años. Una proeza arquitectónica bajo tierra rentable pero que no da descanso al bolsillo: hay que contar los gastos anuales de extracción del preciado metal. Y ahí es donde le entra dolor de cabeza al sector. Los costes de producción subieron un 24,6% el año pasado. Jones no duda un segundo en señalar culpables: &#8220;Ha subido el precio en aspectos fundamentales para nosotros como electricidad, mano de obra, maquinaria técnica y crudo&#8221;, apunta. El año pasado, fallos en la red de suministro eléctrico que afectaron a todo el país dejaron a varias minas semiparalizadas varias semanas. La electricidad es básica para hacer funcionar la maquinaria de ventilación y los ascensores de las minas.</p>
<p>Según Esha Brijmohan, de Harmony Gold, otro de los gigantes del oro sudafricanos, &#8220;la crisis económica y el aumento de precio de electricidad, salarios y costes de almacenaje han herido de muerte a compañías jóvenes y han dado un aviso a firmas punteras como Harmony, con el 95% de sus operaciones en Sudáfrica. Nosotros tuvimos que pasar una tormenta en 2007 y a continuación reestructurar y estabilizar la compañía, eso a pesar de la crisis financiera y económica&#8221;, dice.</p>
<p>La diversificación ha sido la palabra clave en los últimos años. Las empresas mineras dedicadas al oro han echado sus redes a la explotación de otros minerales: en 1995, la venta de oro en Sudáfrica representaba el 42,5% del valor de las exportaciones de todos sus minerales, el año pasado la cifra era de poco más del 17%.</p>
<div id="attachment_316" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2009/12/segunda.jpg"><img class="size-medium wp-image-316" title="42-18461303" src="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2009/12/segunda-300x200.jpg" alt="Un minero sudafricano cobra entre 200 y 350 euros al mes. Algunos suman incentivos por trabajo realizado. Foto: Anglo Gold " width="300" height="200" /></a><p class="wp-caption-text">Un minero sudafricano cobra entre 200 y 350 euros al mes. Algunos suman incentivos por trabajo realizado. Foto: Anglo Gold </p></div>
<p>Datos económicos al margen, las cosas han cambiado mucho bajo tierra. Joseph Letsoela, de 52 años, trabajó en una mina de oro durante casi dos décadas en los años 70 y el lugar de trabajo que recuerda poco tiene que ver con la actualidad. &#8220;Las condiciones eran mucho más duras antes y además los capataces te trataban mal por ser negro&#8221;, recuerda. En sus días de minero, trabajar en una mina suponía un riesgo enorme de contraer el VIH. Los porcentajes de enfermos de sida, silicosis y tuberculosis entre los trabajadores era alarmante. Actualmente, las compañías dedican notables esfuerzos a la salud de sus trabajadores pero, aunque la media de infecciones ha bajado mucho, continúa siendo superior a la del país. No es suficiente para el Sindicato Nacional de Mineros (NUM), uno de los más influyentes del país y que defiende a un sector que emplea a casi medio millón de personas. Lheni Shoshane, representante del sindicato, lamenta que los trabajadores estén pagando los platos rotos de los problemas del sector. &#8220;Es cierto que las condiciones han mejorado, pero la producción desciende y se pierden puestos de trabajo. Además las minas se agotan y cada vez se trabaja a más profundidad, lo que aumenta el riesgo y no hacen lo suficiente para evitarlo&#8221;, dice. Para Shoshane, los salarios deberían equipararse al de los mineros australianos, con una tipología de minas similar, y que cobran &#8220;tres o cuatro veces más&#8221;.</p>
<p>Varias montañas de tierra blanca se levantan en los alrededores de la sede del NUM. La ciudad de Johannesburgo está llena de esos montículos sin rastro de vegetación generados por las montañas de tierra y residuos minerales que expulsan las explotaciones mineras. Desde lo más alto de una de ellas, se observa la enormidad de las minas, casi pequeñas ciudades coronadas por torres de metal. La imagen se repite a lo largo del país. Pero los titubeos del sector aportan un poso de preocupación al panorama.</p>
<div id="attachment_317" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2009/12/anglo-gold-4.jpg"><img class="size-medium wp-image-317" title="anglo gold 4" src="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2009/12/anglo-gold-4-300x195.jpg" alt="Al fondo, las montañas de tierra y residuos que expulsa la mina. Foto: Anglo Gold" width="300" height="195" /></a><p class="wp-caption-text">Al fondo, las montañas de tierra y residuos que expulsa la mina. Foto: Anglo Gold</p></div>
<p>Sudáfrica ha sido durante más de un siglo el primer productor de oro del mundo. Su dominio en el sector era de tal magnitud que en los años 70, más de dos tercios del preciado metal que corría por los mercados internacionales tenían sello sudafricano. La bonanza se acabó. En 2007, China le desbancó de lo más alto de la lista. El año pasado fue EE. UU. quien le relegó a la tercera posición. E irá a peor. William Tankard, experto del GFMS, la principal consultoría de metales preciosos del mundo, cree que este año Australia superará la producción de oro de Sudáfrica, que no detendrá ahí su caída: &#8220;La producción sudafricana de oro caerá al quinto lugar del ranking en los próximos tres años en beneficio de Rusia, que está aumentando su producción&#8221;. Tankard divide su pesimismo en cuatro causas internas: el agotamiento de oro accesible en subsuelo sudafricano, pocos proyectos nuevos, la presión de sindicatos con una inflación laboral del 10% anual y el aumento de los costes productivos.</p>
<p>Al salir de la mina, tras otros largos tres minutos de ascensor, Polina, con cinco de sus 26 años de minera, convierte las dudas macroeconómicas de la industria en algo personal. &#8220;Es un trabajo duro y aún es muy peligroso, pero ¿sabes? yo pienso igual que todos los que estamos aquí: al menos tengo trabajo… y que dure&#8221;.</p>
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		<title>El idioma es una mina</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Aug 2009 09:10:57 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Publicado en La Vanguardia el 24/08/2009. Virginia, Sudáfrica
Y de repente, un jeroglífico en voz. Ben Botha, afrikáner de metro noventa, barba blanca y ojos claros, cambia del inglés a un idioma incomprensible cuando se topa con un cuarteto de mineros regalándose un descanso fuera de guión. Las palabras firmes de Botha, mánager de una mina [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en <a href="http://www.lavanguardia.es/premium/edicionimpresa/20090824/53771436951.html">La Vanguardia </a>el 24/08/2009. Virginia, Sudáfrica</p>
<p>Y de repente, un jeroglífico en voz. Ben Botha, afrikáner de metro noventa, barba blanca y ojos claros, cambia del inglés a un idioma incomprensible cuando se topa con un cuarteto de mineros regalándose un descanso fuera de guión. Las palabras firmes de Botha, mánager de una mina de oro en el corazón de Free State, en el centro de Sudáfrica, rebotan en las paredes del túnel y reciben una mirada baja por respuesta. Todos a trabajar. Botha no tiene ni idea de zulú, xhosa o la docena de lenguas maternas diferentes de los más de mil mineros bajo sus órdenes. La inmensa mayoría son negros sudafricanos o inmigrantes de Zimbabue, Lesoto, Malaui o Mozambique que nunca han aprendido inglés. Muchos tampoco se entenderían entre ellos. Pero bajo tierra no hay problemas de entendimiento. Todos hablan fanagaló. &#8220;Aquí abajo lo hablamos todos, es la única forma de entenderse, así que a los jefes no nos queda más remedio que aprender también&#8221;, dice Botha.</p>
<div id="attachment_47" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><img class="size-medium wp-image-47" title="Oro letal" src="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2009/08/emina-086-300x225.jpg" alt="Antes de descender a la mina, los trabajadores deben superar un curso de formación que incluye un examen de fanagaló. Foto: Xavier Aldekoa " width="300" height="225" /><p class="wp-caption-text">Antes de descender a la mina, los trabajadores deben superar un curso de formación que incluye un examen de fanagaló. Foto: Xavier Aldekoa </p></div>
<p>El fanagaló, una mezcla de zulú, inglés, afrikáans y expresiones xhosa, sirve de puente de entendimiento bajo tierras sudafricanas desde el siglo XIX. En aquella época, y ante la oleada de miles de trabajadores de varios puntos de Áfricadel Sur que llegaron para trabajar en las minas &#8211; principalmente las de oro, diamantes, carbón y cobre-,nació una lengua fusión confinada a las profundidades. Pero el objetivo estaba lejos de romanticismos de mestizaje o unión de culturas. Se trataba de dar y recibir órdenes. Sin más. Incluso la denominación de fanagaló no deja dudas al respecto: la traducción literal de la palabra sería algo similar a &#8220;hazlo así&#8221;.<span id="more-42"></span></p>
<p>Sigue siendo una fórmula vigente. Aunque no hay cifras oficiales recientes del número de hablantes (siempre como segunda lengua), el año pasado 151.125 personas trabajaban bajo tierra sólo en las minas de Sudáfrica donde se utiliza el fanagaló. A esa cifra hay que añadir los capataces, como Botha, que trabajan en la superficie y han tenido que hincar codos. Más los dialectos.</p>
<p>En las minas de Zimbabue existe una variante de fanagaló conocida como chilapalapa y en Zambia otra llamada cikabanga. &#8220;Hace años se llegó a hablar en el Congo, Malaui o Namibia, pero creo que ya casi se ha extinguido allí&#8221;, afirma Botha.</p>
<p>En Sudáfrica la salud del fanagaló está asegurada. En los cursos formativos que se imparten a los trabajadores, se incluye un curso de dos semanas de fanagaló. Yhay que pasar un sencillo examen lingüístico o no se baja hacia el centro de la Tierra. Madikizewa tiene que gritar entre el ruido ensordecedor de los taladros para dejar claro que la prueba no suele ser problema. De estructura muy simple y sin arreglos artificiales, el fanagaló se nutre de expresiones directas y términos funcionales. Aunque Madikizewa habla con cariño del fanagaló, para algunos sudafricanos tiene una connotación negativa porque recuerda a los tiempos del apartheid, donde había poco interés de que los negros aprendieran inglés. Eran días de repetir &#8220;Yebo Nkose&#8221; &#8211; &#8220;Sí, mi amo&#8221; en fanagaló-ante cualquier orden del jefe blanco. Hoy, los dirigentes siguen siendo blancos y los mineros en su inmensa mayoría negros, pero el fanagaló encara el futuro como, única y exclusivamente, una herramienta de comprensión.</p>
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