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	<title>Xavier Aldekoa &#187; Soweto</title>
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		<title>Vuvuzelas para añorar a Mandela</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Jun 2010 08:13:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en La Vanguardia el 12/06/2010
Vuvuzela. La trompeta de plástico que barrita como un elefante encolerizado fue ayer la banda sonora de todo un país. Sudáfrica vivía ayer una fiesta y quiso que todo el mundo se enterara. Desde primera hora de la mañana &#8211; y aquí eso es muy temprano-,Johannesburgo se llenó de entusiasmados [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en <a href="http://www.lavanguardia.es/premium/publica/publica?COMPID=53944618631&amp;ID_PAGINA=3744&amp;ID_FORMATO=9&amp;PARTICION=2006&amp;turbourl=false&amp;PAGINACIO=-1">La Vanguardia</a> el 12/06/2010</p>
<p><a href="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2010/06/ceremony.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-504" title="South Africa WCup Soccer" src="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2010/06/ceremony-300x180.jpg" alt="South Africa WCup Soccer" width="300" height="180" /></a>Vuvuzela. La trompeta de plástico que barrita como un elefante encolerizado fue ayer la banda sonora de todo un país. Sudáfrica vivía ayer una fiesta y quiso que todo el mundo se enterara. Desde primera hora de la mañana &#8211; y aquí eso es muy temprano-,Johannesburgo se llenó de entusiasmados hinchas que peregrinaban hacia Soweto para asistir a la jornada inaugural. La pasión del país sólo tuvo una tacha: en la madrugada del jueves al viernes, una biznieta de Mandela de 13 años murió en un accidente de tráfico e impidió la presencia del líder antiapartheid, de 91 años, en el día grande del fútbol.<br />
<span id="more-503"></span><br />
Pero la mueca de disgusto duró poco. En Sudáfrica, cuando hay ganas de verbena, los estadios reciben a los seguidores cuatro o cinco horas antes del saque inicial. Ayer fue incluso necesario. Los aledaños del Soccer City se colapsaron completamente. Para un trayecto que se hace normalmente en treinta minutos, ayer se tardaba tres horas y media. A cambio, el camino se convirtió en una fiesta. Gente disfrazada, con pelucas, gafas gigantes y vuvuzelas avanzaba entre coches con gente subida en las ventanas o el capó.</p>
<p>La romería no sólo era cuestión de hinchas con entrada en el bolsillo. En las aceras, en los puentes y bordes de la carretera, miles de vecinos de Soweto creaban un pasillo de trompetas, silbatos y color aunque no tuvieran intención &#8211; ni medios-de ver el espectáculo sin televisión de por medio. Todos querían disfrutar del Mundial y, de paso, algunos aprovechaban para sacarse unos rands. Muchos vecinos de casas pobres de Soweto ofrecían sus jardines como aparcamiento improvisado a un par de kilómetros del campo. Se tardaba menos que en coche. Luego, ya en las gradas, el tapón circulatorio tuvo reflejo en varios asientos sin ocupar, pese a estar todo el papel vendido. No se notó en las ganas.</p>
<p>Cuando un guerrero zulú saltó a la tarima central poco después de las dos, vuvuzelas a pleno pulmón ahogaron con ruido los nervios de los que se apresuraban a entrar al recinto. Vuvuzelas, cómo no, para iniciar el Mundial.</p>
<p>La ceremonia inaugural, con muchas referencias a etnias sudafricanas mayoritarias, como los zulús o los xhosa, combinó ritmos ancestrales con hip hop e incluso ópera. Todo cabe en la nación del arco iris. Sobre todo, color. Blancos, mestizos y negros compartían asientos en una imagen imposible hace un cuarto de siglo. El acto también tuvo un deje informal, rozando el desenfado, bastante alejado de ceremonias inaugurales con alma de perfección y cerebro chino. Porque esto es África.Y es su Mundial.</p>
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		<title>El Mundial de los niños perdidos</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Jun 2010 19:09:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en La Vanguardia el 06/06/2010. Soweto, Sudáfrica
Brasil, la locura. Rooney, el delirio. Messi, el entusiasmo. El trofeo de la Copa del Mundo, la emoción. Sudáfrica se ha desatado y se acaban los calificativos. Ayer le tocó a Soweto. El township o barriada con más historia del país se agitó por una marea de camisetas, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en <a href="http://www.lavanguardia.es/free/edicionimpresa/res/20100606/53940887053.html?urlback=http://www.lavanguardia.es/premium/edicionimpresa/20100606/53940887053.html">La Vanguardia</a> el 06/06/2010. Soweto, Sudáfrica</p>
<p><a href="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2010/06/niños-perdidos.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-477" title="niños perdidos" src="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2010/06/niños-perdidos-300x205.jpg" alt="niños perdidos" width="300" height="205" /></a>Brasil, la locura. Rooney, el delirio. Messi, el entusiasmo. El trofeo de la Copa del Mundo, la emoción. Sudáfrica se ha desatado y se acaban los calificativos. Ayer le tocó a Soweto. El township o barriada con más historia del país se agitó por una marea de camisetas, banderas de los Bafana bafana y caras de felicidad. Sobre todo entre los más pequeños. Tras llegar al país el viernes, el trofeo del Mundial se expuso hasta la tarde de ayer en el centro Dlamini de Soweto. Y estalló la locura. Unas 20.000 personas por día y de todas las edades &#8211; incluso un bebé de nueve meses-se acercaron para fotografiarse con la copa, jugar partidillos o pintarse la cara con los colores de la bandera sudafricana.<br />
<span id="more-476"></span><br />
Y entre tantas muestras de alegría, los niños sintetizan estos días la emoción sin colorantes. &#8220;¡Aquí en el township,es increíble lo que está pasando!, nunca pensé que podría ocurrir, pero están aquí, no sé qué decir&#8221;, se atropellaba al expresarse Lisojo Lesiohonolo, de once años. Lisojo era uno de los miles de seguidores que el jueves asistieron a un entrenamiento público de la selección brasileña en el barrio de Dobsonville, en Soweto. La ciudad de Johannesburgo repartió 10.000 entradas gratuitas, pero se quedó corta. Cientos de seguidores se apretujaban en la puerta y, entre ellos, decenas de niños buscando un hueco para echar un ojo. &#8220;Es fantástico; Kaká, Robinho están ahí detrás, todos los jugadores que vemos por la televisión estarán en Sudáfrica, no puedo contenerme&#8221;, decía Omar, de unos 10 años. Pese a la corta edad de ambos, no hay rastro de adultos que les acompañen.</p>
<p>No es raro. A miles de niños sudafricanos les parece tan increíble que los mejores astros del balón, aquellos a quienes siguen religiosamente cada semana, estén tan cerca de ellos que se olvidan de lo demás. Un detalle ilustra esas ganas: Nomvula Mokonyane, jefa de Gobierno de Gauteng, provincia de Johannesburgo y Pretoria, desveló que había decidido reforzar el equipo que cuida a los menores perdidos. &#8220;Nuestros niños son muy exploradores y quieren ver a sus ídolos, así que hacen lo que sea por verles. Son sus ejemplos, sus dioses. Cuando Maradona y Rooney vinieron a la ciudad, miles de niños llegaron para verles desde todas partes, algunos ni siquiera sabían cómo habían llegado y muchos no sabían volver a casa. Es un tema que nos preocupa y durante el Mundial reforzaremos esa cuestión&#8221;, aseguró, contundente.</p>
<p>Ayer, el portavoz del Gabinete provincial, Dumisani Zulu, pidió responsabilidad a los padres. &#8220;Ellos deben ser los primeros en vigilar que sus hijos no vayan solos, hemos reforzado el número de policías que vigilan las inmediaciones de las campos de entrenamiento, pero es un reto enorme, no podemos responsabilizarnos de la seguridad de los miles de niños que van a ver a sus ídolos&#8221;, señaló.</p>
<p>En el contexto de un township,ver a un grupo de niños muy jóvenes sin adultos alrededor no es una postal inusual. Por eso las palabras de Zulu parecen una pelea contra el mar: &#8220;Si alguien encuentra a un niño solo debe acompañarlo a una comisaría, donde se ocuparán de él. Los padres deben saber que no es seguro que un niño ande todo el día solo&#8221;.</p>
<p>Pero la ilusión infantil no entiende de prudencia. Esta semana, un responsable de los campos donde entrena la seleção puso en imágenes la pasión de los menores sudafricanos y pidió más vigilancia. &#8220;Cuando el autobús sale al atardecer, muchos niños corren detrás del vehículo para verles, porque no han podido entrar en las instalaciones. Alguien debería controlar eso&#8221;, advirtió.</p>
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		<title>Violines en el gueto</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jan 2010 19:18:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en La Vanguardia el 10/01/10. Soweto (Sudáfrica)
El cielo y el infierno están a dos pasos en Soweto. Un grupo de chicos, sentados frente a una barraca que funciona como bar ilegal, escruta al intruso con cara de pocos amigos. Son los camellos de la zona. La británica Rosemary Nalden, de pelo blanco y ojos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en <a href="http://www.lavanguardia.es/premium/epaper/20100110/53865769402.html">La Vanguardia</a> el 10/01/10. Soweto (Sudáfrica)</p>
<div id="attachment_347" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2010/01/sudáfrica-buskaid-soweto-y-swaziland-029.jpg"><img class="size-medium wp-image-347" title="sudáfrica -buskaid soweto y swaziland 029" src="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2010/01/sudáfrica-buskaid-soweto-y-swaziland-029-300x225.jpg" alt="Algunos de los músicos de Buskaid, en Soweto. Foto: Xavier Aldekoa" width="300" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">Algunos de los músicos de Buskaid, en Soweto. Foto: Xavier Aldekoa</p></div>
<p>El cielo y el infierno están a dos pasos en Soweto. Un grupo de chicos, sentados frente a una barraca que funciona como bar ilegal, escruta al intruso con cara de pocos amigos. Son los camellos de la zona. La británica Rosemary Nalden, de pelo blanco y ojos verdes, hace como que no les ve y sigue su camino. Pero sí les ha visto. Lleva más de una década viéndoles y pasando de largo. A diez metros, en unas casas bajas junto a la iglesia, lidera un proyecto casi imposible: una escuela de música clásica para jóvenes de una zona de chabolas en Soweto, el mayor gueto negro de Johannesburgo.</p>
<p>Cada semana, ochenta jóvenes de entre 5 y 29 años reciben clases de violín, viola, violonchelo o contrabajo. El proyecto no son sólo buenas intenciones. Los mejores alumnos forman la Buskaid Soweto String Ensemble, una banda que suena como los ángeles y ya ha actuado por América, Oceanía y Europa.<span id="more-346"></span></p>
<p>La historia de esta escuela entre chabolas empezó como un rumor. A mediados de los años 90, Rosemary, violinista profesional en Londres, oyó hablar de unos adolescentes negros de Soweto sin medios pero apasionados por la música clásica. Y decidió actuar. Convenció a varios amigos músicos para donar sus instrumentos viejos y reunió fondos para, en 1997, crear la fundación Buskaid en uno de los peores barrios de Soweto, donde la mayoría de blancos aconseja no ir jamás. Empezó aportando sus conocimientos a unos pocos críos del barrio y ho y se ayuda de ex alumnos hechos profesores para brindar oportunidades al talento local. &#8220;Aquí hay chicos buenísimos, se vuelcan en la música y son absolutamente creativos&#8221;, explica sentada en un taburete y rodeada de instrumentos.</p>
<div id="attachment_348" class="wp-caption alignright" style="width: 235px"><a href="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2010/01/sudáfrica-buskaid-soweto-y-swaziland-033.jpg"><img class="size-medium wp-image-348" title="sudáfrica -buskaid soweto y swaziland 033" src="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2010/01/sudáfrica-buskaid-soweto-y-swaziland-033-225x300.jpg" alt="Ochenta jóvenes de entre 5 y 29 años reciben clases de violín, viola, violonchelo o contrabajo. Foto: Xavier Aldekoa" width="225" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Ochenta jóvenes de entre 5 y 29 años reciben clases de violín, viola, violonchelo o contrabajo. Foto: Xavier Aldekoa</p></div>
<p>No es fácil construir un proyecto así en el distrito de Diepkloof. Si algunas partes de Soweto se han desarrollado a velocidad de milagro, no es el caso de este lugar. La escuela Buskaid es un oasis en una realidad salpicada de delincuencia y drogas. No son tópicos fáciles. Hace unos meses, uno de los alumnos fue asesinado y una de las chicas fue violada. Rosemary también ha tenido algún problema, pero desdramatiza &#8211; &#8220;cuatro sustos desagradables no es tanto en doce años&#8221;, dice-y se queda con lo positivo: &#8220;¿Que si he pensado en dejarlo? ¡Cada día varias veces! Pero luego les escuchas tocar y piensas: ¡esto es!, ¡por esto vale la pena!&#8221;.</p>
<p>Kgotso pone en imágenes su emoción. Tiene sólo 11 años y hace 7 que llegó a la escuela de la mano de su hermana. No se podía quedar solo en casa, así que le dieron un pequeño violín para entretenerle. Hoy, al pedirle si puede tocar algo se hinche de orgullo y se quita la gorra como muestra de respeto. &#8220;No te puedes imaginar la pasión que tiene, viene cada día a ensayar&#8221;, apunta Rosemary, que, además de coordinar la escuela y dar clases, busca donaciones por todo el mundo.</p>
<p>Porque cada día se acercan más niños a la escuela. La mayoría llegan solos al centro, sin sus padres, y preguntan si pueden asistir a los cursos. La selección &#8211; este año las donaciones han permitido hacer 30 nuevas matrículas-va más allá de la habilidad musical y tiene en cuenta el interés y el contexto familiar.</p>
<p>Y esa filosofía implica riesgos. A Rosemary se le apaga la voz al recordar a Bafana, un joven adicto al alcohol y las drogas que se refugió en la música para huir de su infierno personal. Fue un espejismo. &#8220;Aquí es difícil, la tentación está ahí delante &#8211; y señala con la vista al final de la calle-,y tuve que expulsarle porque empezó a llevar a otros alumnos a beber; una pena&#8221;, explica.</p>
<p>Enseguida hay motivos para volver a sonreír. Simiso Radebe, de 19 años, entra en la sala para darle un abrazo. Sin más. Está más que feliz: le han dado una beca para ir a estudiar en la Royal Academy of London, y la escuela ha conseguido ayudas para pagarle la estancia. Será el sexto alumno en ir a estudiar a Europa. Simiso quiere agarrarse con las dos manos a la oportunidad de ser músico profesional. &#8220;Esto lo soñé antes de que pasara; tenía diez años cuando entré aquí y ahora está pasando de verdad&#8221;, explica emocionado. La simpatía de Simiso es una de las claves del éxito de la Buskaid Ensemble, que ha grabado varios CD, ha actuado delante de Nelson Mandela o la reina Elisabeth II y fue escogida por la revista británica Gramophone como una de las 10 orquestas más inspiradoras del mundo, junto a la Filarmónica de Nueva York o la Orquesta Sinfónica de Londres, entre otras.</p>
<p>El aplauso internacional anima a seguir adelante entre las casas bajas de Diepkloof. Hace falta. Al pedirles una fotografía, Simiso organiza a sus compañeros y salen a la calle cargados de sus instrumentos. Escogen ellos el sitio, junto al bar ilegal. Cielo e infierno a dos pasos justos.</p>
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		<title>Músicos y luthiers</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Jan 2010 15:41:16 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Publicado en La Vanguardia el 10/01/10. Soweto (Sudáfrica)
Un decálogo de normas colgado de la puerta de la escuela Buskaid deja las cosas claras. En negrita, para que destaquen bien, dos reglas de oro: nada de correr cerca de los instrumentos y mucho menos dejarlos bailando en algún taburete.
Un violín, una viola o un violonchelo son [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="mceTemp">Publicado en <a href="http://www.lavanguardia.es/premium/edicionimpresa/20100110/53865769508.html">La Vanguardia</a> el 10/01/10. Soweto (Sudáfrica)</div>
<div id="attachment_351" class="wp-caption alignleft" style="width: 235px"><a href="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2010/01/sudáfrica-buskaid-soweto-y-swaziland-019.jpg"><img class="size-medium wp-image-351" title="sudáfrica -buskaid soweto y swaziland 019" src="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2010/01/sudáfrica-buskaid-soweto-y-swaziland-019-225x300.jpg" alt="Kgotso, de 11 años, es uno de los alumnos más jóvenes de la escuela. Foto: Xavier Aldekoa" width="225" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Kgotso, de 11 años, es uno de los alumnos más jóvenes de la escuela. Foto: Xavier Aldekoa</p></div>
<p>Un decálogo de normas colgado de la puerta de la escuela Buskaid deja las cosas claras. En negrita, para que destaquen bien, dos reglas de oro: nada de correr cerca de los instrumentos y mucho menos dejarlos bailando en algún taburete.</p>
<p>Un violín, una viola o un violonchelo son más joyas si cabe en este lugar &#8211; la mayoría, piezas muy caras y de segunda mano, son donaciones desinteresadas de todos los rincones del mundo-,y un mástil astillado es una tragedia. Pero como la ecuación de niños e instrumentos frágiles suele dar pie a lo inevitable, hace ocho años se pensó en convertir los problemas en solución.</p>
<p>La sudafricana Sonia Bass, la profesora de violonchelo del centro, se puso al frente de un taller de reparación donde se enseña a los alumnos a subsanar los estropicios con pegamento y paciencia. &#8220;Jamás lo había hecho antes, pero hice varios cursos de formación sobre el arte de reparar, y el objetivo de momento es hacer operaciones básicas&#8221;, explica en su casa, al nordeste de Johannesburgo. Los medios económicos con los que cuenta Buskaid son escasos, y se nota: el taller está instalado en el garaje de la casa particular de Sonia. Como no había medios para alquilar un local, ella no dudó en ofrecer parte de su casa para arrimar el hombro. Aun así, el problema sigue siendo el bolsillo. <span id="more-350"></span>La bondad del proyecto de reparación se ha topado de nuevo con el muro de la pobreza: aunque Soweto está a las afueras de Johannesburgo y con un golpe de coche se pasa de una a otra ciudad en un pispás, un vehículo es un lujo inalcanzable para la mayoría. Así que no queda otra que convertir los problemas en nuevas ideas. &#8220;No tenemos muchos aprendices porque la mayoría de los chicos no puede pagarse el transporte público para llegar aquí &#8211; menos de dos euros ida y vuelta-,pero hemos empezado un proyecto para trasladar el taller junto a la escuela en Soweto&#8221;, cuenta.</p>
<p>Ya tienen donde. Hace seis años, la directora de Buskaid, Rosemary Nalden, compró una casa baja levantada junto a la escuela de Soweto en un arranque de optimismo: &#8220;Pensé que quizá un día, si iba todo bien, podríamos hacer más aulas o trasladar el taller, y creo que fue la mejor decisión que tomé&#8221;, explica.</p>
<p>Si las ayudas económicas sonríen en el futuro, tienen planeado abrir la escuela de reparación en Soweto en menos de tres años. Al menos eso es lo que desearía, porque no depende sólo de ella. Además de coordinar las donaciones directas y los conciertos, Rosemary se mueve como pez en el agua para buscar apoyos, pero admite que a veces siente &#8220;la fatiga de la buscadora de fondos&#8221;. De momento, ha conseguido convencer a varias firmas importantes. Algunas multinacionales sudafricanas, y unas pocas extranjeras, han apoyado el proyecto o han costeado parte de las giras internacionales de la banda. También han grabado cinco discos compactos y dedican los beneficios de las ventas a la escuela. Hay muchas cosas por hacer como para quedarse quieta, dice.</p>
<p>Acercar la escuela de reparación de instrumentos a los alumnos es uno de los proyectos que están instalados en la mente de Rosemary y Sonia desde hace más tiempo.</p>
<p>Para Sonia, sería una forma inmejorable de completar el círculo ya que &#8220;así se podría formar a más gente que no tuviera necesariamente habilidades musicales&#8221;. Si no se ha hecho hasta ahora, no ha sido cuestión de empuje. &#8220;Es verdad que siempre el dinero es un obstáculo importante, pero no insalvable. Está todo por hacer y lo haremos&#8221;, dice en un soplido. Y cuesta no creerle.</p>
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		<title>Balón de cultura para Sudáfrica</title>
		<link>http://www.xavieraldekoa.com/2009/10/12/balon-de-cultura-para-sudafrica/</link>
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		<pubDate>Mon, 12 Oct 2009 08:12:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en La Vanguardia, 12/08/2009. Soweto, Sudáfrica.




Jabulani era Wild West. Hace unos años, el grado de delincuencia en Jabulani era tan abrumador que los propios vecinos de este barrio de Soweto se referían a la zona como &#8220;el salvaje oeste&#8221;. Por eso Philippe Ntombela no se lo acaba de creer. Aunque a sus 64 años [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado en <a href="http://www.lavanguardia.es/premium/edicionimpresa/20090812/53763304984.html">La Vanguardia</a>, 12/08/2009. Soweto, Sudáfrica.</p>
<div id="attachment_132" class="wp-caption alignright" style="width: 310px">
<div class="mceTemp">
<dl id="attachment_133" class="wp-caption alignright" style="width: 310px;">
<dt class="wp-caption-dt"><img class="size-medium wp-image-133" title="theater" src="http://www.xavieraldekoa.com/wp-content/uploads/2009/11/theater1-300x141.jpg" alt="Representación virtual del complejo cultural de Soweto" width="300" height="141" /><p class="wp-caption-text">Representación virtual del complejo cultural de Soweto</p></div></p>
</dt>
<dd class="wp-caption-dd"></dd>
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<p>Jabulani era Wild West. Hace unos años, el grado de delincuencia en Jabulani era tan abrumador que los propios vecinos de este barrio de Soweto se referían a la zona como &#8220;el salvaje oeste&#8221;. Por eso Philippe Ntombela no se lo acaba de creer. Aunque a sus 64 años ha visto de todo en las calles de este barrio, situado en las afueras de Johannesburgo, parece maravillado frente a una explanada de arena del tamaño de tres campos de fútbol. Al fondo, delante del viejo anfiteatro, dos excavadoras remueven la tierra que trae un camión detrás de otro. No hay nada más pero para Philippe es suficiente: &#8220;Es maravilloso, se va a hacer algo por nosotros de verdad. Quizás sea cierto que esto va a cambiar&#8221;, dice. Philippe, vecino de Soweto y aficionado entusiasta de la música clásica &#8211; &#8220;y también me gustan los toros&#8221;, añade por amabilidad con el recién llegado-,sueña con poder ir a escuchar en directo a una orquesta. Ysu emoción es justificada porque el movimiento de las excavadoras en la explanada semidesierta significa que en breve podrá cumplir su ilusión.<br />
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El espacio frente al viejo anfiteatro de Jabulani albergará en el 2010 un complejo cultural destinado a convertir el solar en el corazón cultural de Soweto. El proyecto, financiado por inversores privados y fondos de desarrollo de la municipalidad, se engloba dentro de las iniciativas que, con motivo del Mundial de fútbol del año próximo, buscan mejorar las instalaciones del país.</p>
<p>Con un presupuesto de 8,8 millones de euros, está previsto que el centro cultural cuente a partir del próximo abril con un teatro de tres escenarios &#8211; de un aforo de 420, 180 y 90 personas respectivamente-distribuidos en un edificio de aires cubistas de color rojo, azul y amarillo. Además de la renovación del antiguo anfiteatro, el plan incluye el acondicionamiento de una zona verde en el exterior, un parking y la creación de un espacio cubierto al aire libre para conciertos populares.</p>
<p>Para Sello Mosala, responsable de proyectos de la región consultado por La Vanguardia, la instalación cultural hará justicia con el barrio más poblado de las afueras de Johannesburgo, de más de cuatro millones de personas. &#8220;Soweto nunca ha tenido un teatro así, es una gran noticia que artistas de primer nivel puedan ir hasta allí porque hasta ahora los vecinos debían ir a Johannesburgo, y muchos ni podían pagar el billete de transporte público&#8221;, señala.</p>
<p>Aunque en Jabulani las chabolas siguen siendo mayoría, en algunas zonas de Soweto se está produciendo una reconversión paulatina con la proliferación de restaurantes, hostales o incluso tiendas y un centro comercial. La esperanza es que el Mundial de fútbol sirva para dar un empujón definitivo. En el acto de inauguración de las obras &#8211; la primera piedra se colocó a finales de febrero-,el ex ministro sudafricano de Artes y Cultura Pallo Jordan apuntó que el objetivo es &#8220;asegurar que queda un legado detrás (del Mundial 2010) para los residentes de Johannesburgo. Cuando el espectáculo del fútbol llegue y se vaya, debe quedar algo de valor para que todos lo puedan disfrutar&#8221;. Amos Masondo, alcalde de la ciudad presente en el mismo acto, convirtió el proyecto de Jabulani en algo casi reivindicativo: &#8220;Queremos convertir Soweto en un barrio que sea conocido no sólo como un lugar de donde se viene sino también como un lugar al que se va&#8221;.</p>
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